El discurso retórico como máscara

El discurso retórico como máscara

Raúl Prada Alcoreza





El uso del lenguaje para encubrir lo que se hace, el discurso es la máscara de las prácticas de poder. Obviamente, el lenguaje ha sido un salto gigantesco, dado en la hominización y el paso a la humanización. Ciertamente, el lenguaje es la matriz de los mitos, de la cultura, de la filosofía y de la ciencia, También, obviamente y sobretodo, del arte. Sin embargo, el lenguaje es ostensiblemente utilizado para asuntos más pedestres, para  la estigmatización del infiel, convertido después en el enemigo, para la descalificación de antemano del otro, para encubrir lo que se hace, estableciendo una distancia, que es un abismo, entre lo que se dice y lo que se hace.

Vamos a dar dos ejemplos de este uso perverso del lenguaje en el discurso político, que ya ha llegado a niveles muy explícitos de banalizacion discursiva, además de vaciamiento descomunal de los conceptos.


Si se trata de defender a la Constitución hay que expulsar al gobierno cipayo

La Constitución establece el Sistema de Gobierno de la Democracia Pluralista, Participativa, Directa, Comunitaria y representativa. Establece también el control y la participación social, es decir que los funcionarios no pueden tomar decisiones. Las decisiones políticas se transfieren al pueblo organizado y autoconvocado. Se trata de la construcción colectiva de la decisión política y de la ley. 


Por otra parte, la Constitución establece claramente la propiedad de los bolivianos sobre los recursos naturales. El Estado es un mero administrador. De la misma manera establece que los recursos naturales están destinados al vivir bien, no son mercantilizables. Además, todo esto supone lo que enuncia el segundo artículo de la Constitución, que establece que las naciones y pueblos originarios, al ser preexistentes a la colonia, tienen derechos colectivos consagrados, a la reterritorialización, a la lengua y cultura propias, a las normas y procedimientos propios y a sus propias instituciones. En este artículo se dice claramente que tienen derecho inmediato al autogobierno. Por lo tanto, los territorios indígenas son inalienables, no pueden ser avasallados por el extractivismo minero del oro.


Si se dice que se va va a hacer cumplir con la Constitución, entonces se debería actuar en este sentido, el cumplimiento inmediato de lo que establece la Constitución. Los gobiernos que no cumplen con la Constitución son, de manera inmediata, inconstitucionales, por lo tanto no tienen ni legitimidad ni legalidad. 


Un gobierno que, en las primeras de cambio, ha intentado un ajuste estructural, proyectando un conjunto de privatizaciones de los recursos naturales y de las empresas estatales, no es constitucional. Un gobierno que incluso ha querido ir más atrás de la reforma agraria, al buscar establecer la modificación de la pequeña propiedad en propiedad mediana, con la excusa de acceder al crédito, estaba, en realidad, atentando contra la reforma agraria de 1953.


Si las Fuerzas Armadas obedecen a las políticas de saqueo de los recursos naturales y a la venta en subasta de las empresas públicas, a la entrega secreta a empresas sionistas, dedicadas a la purificación del agua, a las firmas secretas que entregan el wolfram a empresas privadas extranjeras, de dudosa procedencia, entonces es un gobierno no solamente inconstitucional, sino se trata de un gobierno que comete delitos y hasta crímenes de traición a la patria. En consecuencia, las Fuerzas Armadas tienen la obligación constitucional de obedecer al pueblo y a la Constitución, en defensa de la democracia institucionalizada constitucionalmente. No puede obedecer a un gobierno ilegítimo e ilegal, que al cruzar la línea, al cruzar el umbral, donde se convierte en un dispositivo del saqueo. Si lo hace es también cómplice de traición a la patria, y se convierte en un ejército de ocupación y de la intervención imperialista.


No es legítimo ni legal un gobierno que forma parte del Escudo de las Américas, es un gobierno colaborador de la intervención, de la ocupación y de las recolonización del país y del continente, con el objeto, hecho explícito por su presidente bizarro, de que la hiperburguesía de la  híperpotencia hipertrofiada en decadencia y de la oligarquía tecnológica persiguen acceder al fabuloso botín de los recursos naturales de Latinoamérica. El presidente naranja de la clase Epstein ha declarado descarnadamente la recurrencia a la aplicación de la Doctrina Monroe, es decir, hablando en concreto, apropiarse, al estilo de los conquistadores, de los recursos naturales y de los territorios del continente, concretamente de América Latina y el Caribe.


Ante los dispositivos de emergencia del Estado, que están comprometidos con la intervención, la ocupación y el saqueo del país, el pueblo tiene la responsabilidad de defender la patria, sus recursos naturales, sus territorios, sus aguas, sus riqueza, su patrimonio y a su gente. El pueblo tiene que auto-convocarse a la movilización general en defensa de la vida y del porvenir, debe declarar enemigos de la patria, del continente, de su soberanía, de su independencia, a todos los dispositivos de intervención y de ocupación, incluyendo al dispositivo armado que se pasa al bando del ocupante, del nuevo conquistador, del interventor presente.


El cojo hecha la culpa al empedrado 

El presidente bizarro, el hombre naranja, ha indultado al expresidente de Honduras, condenado en Estado Unidos por narcotráfico, Juan Carlos Hernández, después tiene el tupe de acusar de narcotráfico. ¿Por qué? Quiere liberar a su agente-asesor del presidente de Bolivia, encubridor del narcotráfico, cobrador por narcovuelos, metido en contrabando de oro, en el movimientos de dinero ilícito, empresario de enjambres de bots, que intervinieron sobre las elecciones en América Latina, perturbando sus resultados, adulterándolos. Además, ampliando su recorrido sinuoso, de contratar sicarios para asesinar a su pareja. 


Este padrino de lo padrinos, empresario mafioso, que hizo su fortuna con especulación y trampas, que ahora roba, al estilo de los piratas al servicio de su majestad del ReinoUnido, petróleo venezolano de la manera más descarada, sin ocultar su hazaña bucanera, desviando los fondos a cuentas privadas, sin control por parte del propio Estado norteamericano. Este señor de la clase Epstein lleva a su país al desastre, arrastrándolo a guerras genocidas, que sólo benefician a sus familiares, por medio de inversiones especulativas, aprovechando el manejo manipulador de información confidencial.


Este abominado jinete del Apocalipsis, que parece personaje de una comedia extremadamente grotesca, es el héroe de la derecha internacional y nacional. No se avergüenzan de proclamarlo. Este es el nivel de la decadencia de los voceros del neogamonalismo, que fungen de gobernantes y representantes, debido al vacío político que ocasionó la implosión de la forma de gubernamentalidad clientelar, que gobernó dos décadas, las últimas. Los neoliberales gobernaron las dos décadas anteriores. Entre ambos gobernaron cuarenta años aciagos, que, con dos estilos, aparentemente contrapuestos, destruyeron el país, impulsaron, mediante dos maneras distintas, aparentemente contrarias, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que desoló el país durante dos siglos de República ilusoria. 


La vedad de la milanesa, como dice el dicho popular, ambas expresiones, el conservadurismo recalcitrante y supremacista, por un lado, y la compulsiva demagogía neopopulista, por otro lado, están metidos en la guerra de los cárteles. Los pueblos se encuentran al medio, entre ambos fuegos, tironeados por unos y por otros, incluso acribillados, por ambos bandos.


Cuando el padrino de los padrinos acusa de narcotráfico ocurre como cuando el cojo hecha la culpa al empedrado. Defiende a su bando de cárteles a su servicio. 

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