La luna nadadora
La luna nadadora Sebastiano Mónada Las fuerzas del acontecimiento se rebelan a las leyes universales, inventadas por el filósofo distraído, accidentado por no pisar tierra, desatando la risa de la muchacha tracia, que tiene delirando a los sabios astrónomos. La luna cansada de orbitar alrededor de la Tierra se descuelga de su ruta elíptica acostumbrada, para refrescarse en las aguas lacustres, donde el Titi cruza los puentes de mundos insólitos, ocultos a los ojos de los mortales. Espectáculo de las fuerzas cósmicas, que juegan al azar desafiando la necesidad, como pasatiempo lúdico sin orden ni geometría, dejándose llevar por el placer de las probabilidades. La luna se detiene para nadar en el lago, se desprende de su órbita cual viajera nómada, salta los cerros del otro lado de la concavidad acuática, llega desnuda al remanso de las aguas, flotando su luz como estela de fuego. En el medio un pequeño barco pescador teme ser quemado por las llamas cel...