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Desplazamientos en las tecnologías del poder

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Desplazamientos de las tecnologías de poder Raúl Prada Alcoreza ¡Estamos en peligro! Estamos en peligro, el proyecto de intervención y ocupación de America Latina y el Caribe ha comenzado, han empezado con tomar los Estados a través de gobiernos bizarros, al servir pleno de la híperpotencia hipertrofiada en decadencia, gobiernos que son la destrucción misma de sus países. Gobiernos que incorporan asesores-agentes al servicio del Estado sionista genocida y del proyecto de exterminio de la híperburguesía, que domina el mundo y pretende perdurar, incluso a costa de la destrucción planetaria. Estos gobiernos cipayos son apenas la avanzada de lo que pretende venir, la ocupación misma, el saqueo demoledor de los recursos naturales, el arrinconamiento o, en su defecto, el exterminio, de pueblos que resistan. Los gobernantes de la derecha recalcitrante han firmado y se han comprometido a la entrega inmediata de sus países a la dominación de la estirpe del genocidio, la especulación financiera ...

La queñua y el niño

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  La q ueñua y el niño Sebastiano Mónada Árbol de las alturas, de las quebradas y montañas de la cordillera. Tu tronco torcido se mueve, sinuoso, buscando elevarse, de manera convulsa, repitiendo en su fisonomía la melodía intensa de una composición apasionada. Retornando al comienzo cuando los bosques y las selvas dominaban la Tierra. Sus hojas de folios pequeños, de un verdor fuerte, se cubren de resima y tricomas. Sus flores se distribuyen rompiendo el verdor con el impacto pictórico de estrellas amarillas, que se prenden del abultado enramado fijándose como memorias de un pasado remoto, distribuidas en todo el follaje, que se abre ofreciéndose a la mirada escrutadora, entregando su entramado polifónico al cielo inalcanzable e indiferente. La queñua resiste al frío escondiéndose en las quebradas, huyendo de la depredación trepando ágilmente las montañas. Esparce al viento sus múltiples semillas, desprendidas como emociones andinas, sonidos melancólicos de quenas y zampoñas, que ...

Illimani

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Illimani  Sebastiano Mónada  Dedicado a la Bebita, quien amaba al Illimani y atesoraba cuadros de la montaña fabulosa, el halcón iluminado, colgándolos en las paredes de su casa hospitalaria. La montaña majestuosa parece navegar sobre un caudal de nubes. Nave gigante transportándose desde los remotos tiempos del planeta  en formación ígnea de ríos de magma incandescente. Cúmulo atmosférico presionando a la ciudad fundada dos veces;  una en Laja, en el Altiplano inmenso, meseta de paja brava; otra en la hoyada, abrazo de la cordillera, nido rocoso de afectos. Acontecimiento ciclópeo del nacimiento volcánico de los grandes nevados, cambiando con su presencia majestuosa el destino de la cabecera de valle,  donde ancestralmente  se  sembraba   papa en los fértiles cerros.  Chuqui-Apu, hondonada territorial, Taypi provisiónal del archipiélago de Ayllus itinerantes.  Espacio de celebración de la reciprocidad de bienes y de alianzas l...

Después de la nevada

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Después de la nevada   Sebastiano Mónada  La nieve se precipitó de las vaporosas nubes congeladas, cayendo despacio en fragmentos geométricos, composición de las fuerzas fundamentales del universo, cambiando el color del paisaje cromático dejándolo blanco, investido para la festividad de la consagración de la primavera anunciada. Los copos de nieve se acumularon en las montañas cubriéndolas de mantos albos, tejidos por las nubes. Hiladoras de textiles de bayeta de la tierra, hecha de lana de oveja que pasta en la puna. Artesanas nubes de etéreos sueños otoñales, que con su técnica atmosférica inmemorial han convirtiendo sus cargas anhelantes en pensamientos  descifrados por la hermenéutica heredada de textos sagrados. Enunciados estratificados por la mirada y la voz, convertidos en  poemas y cantos del sacrificio celestial, que entregó su cuerpo a la metamorfosis material  del agua en sus diferentes formas mutantes. La bóveda celeste se vació de nubes dejando...

Oasis de eucaliptos

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Oasis de eucaliptos Sebastiano Mónada   Dedicado a Marcel Julián Oasis de árboles frondosos resistiendo en el desierto urbano. Se elevan, impulsados por sus raíces, empujados por el impulso vital. Sostenidas por sus troncos,  las copiosas ramas de eucaliptos danzantes,  siguen el ritmo pausado de la brisa vespertina. El cielo hace de fondo desparramando abultadas nubes, enormes naves que transportan su carga vaporosa  en el océano aéreo sin olas de un celeste radiante, que rememora al vacío, curvado por la gravedad inscrita en el núcleo líquido e incandescente oculto en sus entrañas. Debajo, muchedumbres de arbustos secos amarillean el suelo, cobijados apenas por las sombras que se acuestan cansadas de tanto apaciguar el ímpetu fogoso del astro compulsivo. Un montículo parece amurallarse para proteger el oasis botánico de la arremetida mercantil que avanza monstruosa arrasando con todo, con todo espesor territorial y todo bosque intrépido. Detrás está la ci...

Momentos de emergencia

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Momentos de emergencia  Raúl Prada Alcoreza   Los momentos de emergencia corresponden a bifurcaciones o puntos de inflexión, que pueden abrirse a transiciones o, en su defecto, pueden empujar al abismo. Proponemos caracterizar tres formas de asumir la encrucijada de la bifurcación; una de convocatoria; otra de anuncio de peligro; la tercera de descripción sucinta del ecocidio. Convocatoria a detener la marcha al abismo  En otras condiciones históricas y políticas, en otro contexto, más bien un poco más decente que el actual, después del escándalo de proporciones babilónicas, del bochorno y patético caso Cerimedo, los comprometidos, comenzando del presidente, terminado por los parlamentos que recibieron dinero del oscuro personaje asesor personal del presidente, renunciarían. Empero, en las condiciones de derrumbe ético y decadencia política apocalíptica, de un presente bizarro, no lo hacen, no renuncian. Esta conducta habla de por sí de la desestructuración subjetiva de l...

Bosquecillo

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Bosquecillo   Sebastiano Mónada   Recorrido por la imaginaria gruta formada de gigantes eucaliptos, curvándose a la mirada, arrastrándonos durante el sendero frondoso  en un viaje en el laberinto de la memoria. Troncos y ramas se elevan al cielo buscando a los ángeles desaparecidos, asesinados por la vertiginosa modernidad, que barre a los fantasmas del suelo, donde la hojarasca acumulada sepulta los espesores de la piel profunda de las sensaciones movedizas como ondas fluidas. Nadando como peces de plata en copioso mar adentro, imaginando por el recuerdo de un viaje aventurero. Metamorfosis solar convertida en siluetas marinas, merodeando la superficie movediza de las olas para cazar el plancton deseado por la voracidad  del metabolismo heredado de tiempos inmemoriales. Abajo, un colectivo de arbustos protege a los pies de los tronco, que se yerguen con toda su corteza desportillada por el tiempo remoto. Arriba, las tupidas ramas protegen a los paseante del sol...