Ocaso yungueño
Ocaso yungueño Sebastiano Mónada Los últimos rayos del sol incendian las nubes, coloreando el paisaje en una despedida candente. Los árboles observan absortos el acontecimiento, temiendo que las llamas les alcancen, abrazándolos en una fogosa partida. El contraste es notorio entre el verde oscuro arraigado de las hojas de las ramas, la sombreada presencia de los árboles, y el ocaso encendido de la clausura celestial. Soy testigo del evento revelador del movimiento atmosférico, de la transformación visual, que vibra, que se manifiesta, mostrándose el tiempo serpenteante de la duración rítmica del atardecer. El planeta gira inventando ciclos cortos, medianos y largos. Replegando en los estratos de la memoria sus registros marcados. Con el ocaso se anuncia la captura de la mirada nocturna, cazadora de galaxias fugitivas que huyen del origen. Con el amanecer se da apertura a la reflexión, al recorrido interno de la mirada íntima, cuando los pobladores del planeta bus...