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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía

Jacarandá yungueño

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Jacarandá yungueño   Sebastiano Mónada El jacarandá se eleva en la montaña, protagonista tropical de la transición geográfica. Sobresale entre otros árboles concurrentes y entre la profusa elocuencia de los arbustos. Sus flores, en artesanía tubular, sobresalen en la copa abierta  a la consagración de la primavera, que se aproxima, anunciándose con la proliferación de las lluvias, interrumpidas apenas por asoleados días y despejados cielos nocturnos donde flota la Vía Láctea, galaxia nuestra, ensimismada, visible forma de serpiente navegante, ocultando su reflexión en espiral barrada. Jacarandá de ramas largas,  o freciendo el verdor de sus hojas  al impetuoso cielo nublado. Se hace evidente la floración morada, ofrenda a las fuerzas atmosféricas en pugna. Haciendo de fondo, la serranía se extiende pletórica, debajo de las nubes aposentadas en las cumbres majestuosas. El juego de luces y sombras repta por las pendientes, muchedumbre de reptiles al acecho, sin de...

Ocaso yungueño

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Ocaso yungueño Sebastiano Mónada Los últimos rayos del sol incendian las nubes, coloreando el paisaje en una despedida candente. Los árboles observan absortos el acontecimiento, temiendo que las llamas les alcancen, abrazándolos en una fogosa partida. El contraste es notorio entre el verde oscuro  aposentado en las hojas de las ramas,  la sombreada presencia de los árboles, y el ocaso encendido de la clausura celestial. Soy testigo del evento revelador del movimiento  atmosférico, de la transformación visual, que vibra, que se manifiesta, mostrándose en el tiempo serpenteante de la duración rítmica del atardecer. El planeta gira inventando ciclos cortos, medianos y largos. Movimientos entrelazados de los tejidos artesanales de las mujeres artistas de la escritura ancestral. Replegando en los estratos de la memoria sus registros marcados. Con el ocaso se anuncia la captura de la mirada nocturna, cazadora de galaxias fugitivas que huyen del origen. Con el amanecer se da ape...

La queñua y el niño

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  La q ueñua y el niño Sebastiano Mónada Árbol de las alturas, de las quebradas y montañas de la cordillera. Tu tronco torcido se mueve, sinuoso, buscando elevarse, de manera convulsa, repitiendo en su fisonomía la melodía intensa de una composición apasionada. Retornando al comienzo cuando los bosques y las selvas dominaban la Tierra. Sus hojas de folios pequeños, de un verdor fuerte, se cubren de resima y tricomas. Sus flores se distribuyen rompiendo el verdor con el impacto pictórico de estrellas amarillas, que se prenden del abultado enramado fijándose como memorias de un pasado remoto, distribuidas en todo el follaje, que se abre ofreciéndose a la mirada escrutadora, entregando su entramado polifónico al cielo inalcanzable e indiferente. La queñua resiste al frío escondiéndose en las quebradas, huyendo de la depredación trepando ágilmente las montañas. Esparce al viento sus múltiples semillas, desprendidas como emociones andinas, sonidos melancólicos de quenas y zampoñas, que ...

Illimani

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Illimani  Sebastiano Mónada  Dedicado a la Bebita, quien amaba al Illimani y atesoraba cuadros de la montaña fabulosa, el halcón iluminado, colgándolos en las paredes de su casa hospitalaria. La montaña majestuosa parece navegar sobre un caudal de nubes. Nave gigante transportándose desde los remotos tiempos del planeta  en formación ígnea de ríos de magma incandescente. Cúmulo atmosférico presionando a la ciudad fundada dos veces;  una en Laja, en el Altiplano inmenso, meseta de paja brava; otra en la hoyada, abrazo de la cordillera, nido rocoso de afectos. Acontecimiento ciclópeo del nacimiento volcánico de los grandes nevados, cambiando con su presencia majestuosa el destino de la cabecera de valle,  donde ancestralmente  se  sembraba   papa en los fértiles cerros.  Chuqui-Apu, hondonada territorial, Taypi provisiónal del archipiélago de Ayllus itinerantes.  Espacio de celebración de la reciprocidad de bienes y de alianzas l...

Después de la nevada

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Después de la nevada   Sebastiano Mónada  La nieve se precipitó de las vaporosas nubes congeladas, cayendo despacio en fragmentos geométricos, composición de las fuerzas fundamentales del universo, cambiando el color del paisaje cromático dejándolo blanco, investido para la festividad de la consagración de la primavera anunciada. Los copos de nieve se acumularon en las montañas cubriéndolas de mantos albos, tejidos por las nubes. Hiladoras de textiles de bayeta de la tierra, hecha de lana de oveja que pasta en la puna. Artesanas nubes de etéreos sueños otoñales, que con su técnica atmosférica inmemorial han convirtiendo sus cargas anhelantes en pensamientos  descifrados por la hermenéutica heredada de textos sagrados. Enunciados estratificados por la mirada y la voz, convertidos en  poemas y cantos del sacrificio celestial, que entregó su cuerpo a la metamorfosis material  del agua en sus diferentes formas mutantes. La bóveda celeste se vació de nubes dejando...

Oasis de eucaliptos

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Oasis de eucaliptos Sebastiano Mónada   Dedicado a Marcel Julián Oasis de árboles frondosos resistiendo en el desierto urbano. Se elevan, impulsados por sus raíces, empujados por el impulso vital. Sostenidas por sus troncos,  las copiosas ramas de eucaliptos danzantes,  siguen el ritmo pausado de la brisa vespertina. El cielo hace de fondo desparramando abultadas nubes, enormes naves que transportan su carga vaporosa  en el océano aéreo sin olas de un celeste radiante, que rememora al vacío, curvado por la gravedad inscrita en el núcleo líquido e incandescente oculto en sus entrañas. Debajo, muchedumbres de arbustos secos amarillean el suelo, cobijados apenas por las sombras que se acuestan cansadas de tanto apaciguar el ímpetu fogoso del astro compulsivo. Un montículo parece amurallarse para proteger el oasis botánico de la arremetida mercantil que avanza monstruosa arrasando con todo, con todo espesor territorial y todo bosque intrépido. Detrás está la ci...

La gaviota y el lago

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La gaviota y el lago Sebastiano Mónada La gaviota vuela somnolienta sobre el lago,  detenido en su acuática expansión de pez dorado, por la cadena de cerros desprendida de la cordillera,  por las playas húmedas del Altiplano deshabitado. Meditación telúrica del Amauta ancestral, que observa el murmullo de muchedumbres de olas, moviéndose colectivas en una procesión interminable. La gaviota mira, integrando sus visiones, los tejidos del paisaje unificado. Siente en el soplo airoso de la atmósfera enfriada por los nevados recorrer sus plumas suavemente cual caricias de dedos de manos invisibles. Merodeando desde las alturas, buscando presas desprendidas,  peces ocultos en las profundidades del acuático sueño de Tunupa. La divinidad traviesa e irreverente fue capturada por otras deidades, severas y vigilantes, de un orden cósmico inmutable.  Tunupa jugó con las fuerzas inmanentes del Pacha ,  transformando la energía en materia y la materia en energí...

La luna nadadora

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La luna nadadora Sebastiano Mónada Las fuerzas del acontecimiento  se rebelan a las leyes universales,  inventadas por el filósofo distraído, accidentado por no pisar tierra, desatando la risa de la muchacha tracia, que tiene delirando a los sabios astrónomos. La luna cansada de orbitar alrededor de la Tierra  se descuelga de su ruta elíptica acostumbrada,  para refrescarse en las aguas lacustres,  donde el Titi cruza los puentes de mundos  insólitos, ocultos a los ojos de los mortales. Espectáculo de las fuerzas cósmicas, que juegan al azar desafiando la necesidad, como pasatiempo lúdico sin orden ni geometría, dejándose llevar por el placer de las probabilidades. La luna se detiene para nadar en el lago, se desprende de su órbita cual viajera nómada, salta los cerros del otro lado de la concavidad acuática, llega desnuda al remanso de las aguas, flotando su luz como estela de fuego. En el medio un pequeño barco pescador teme ser quemado por las llamas cel...

Sencillez creadora

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  Sencillez creadora   Sebastiano Mónada   Este poema se publicó el 2016 en OIKOLOGÍAS.           Canto a intrépida juventud rebelde de contestatario gesto irreverente. Juventud transgresora de formalidades almidonadas. Canto a la vida devenida vida, en múltiples recorridos inventados.  Juego aleatorio de dados de misceláneas caras de cubos esféricos rodantes, circulares, ondulantes y en fugas imprevistas. Canto a las alboradas y a los atardeceres equivalentes, en nacimientos sangrantes y en crepúsculos enrojecidos de agonía. Canto a la humildad sabia de mujeres y hombres de pueblo, quienes se alegran de pequeños detalles manifiestos, en sencillas tramas cotidianas, contadas como anécdotas domésticas. Canto a los que aman a la mujer y a los hijos, a las que aman al hombre y a las hijas, a los padres y los abuelos, sobrinos y tíos. Canto a los que aman expresando memorias sensibles, en forma honesta y transparente como voz de agua dulce. ...