LO MÁS PROFUNDO ES LA PIEL
Lo más profundo es la piel
Sebastiano Mónada
Índice:
Prólogo
Humanos demasiado humanos
Hablo desde el cuerpo
Afecto
Lo más profundo es la piel
Prólogo

Dice Gilles Deleuze del enunciado metafórico de Paul Valery de que lo más profundo es la piel, que es una frase muy hermosa. Los dermatólogos deberían tenerla inscrita en su puerta. Continúa:
La filosofía como dermatología general o arte de las superficies (yo intenté describir estas superficies en la Lógica del sentido). Las nuevas imágenes reactualizan el problema. En Foucault, precisamente, la superficie se convierte esencialmente en superficie de inscripción: es el tema del enunciado, “al mismo tiempo no–visible y no–oculto”. La arqueología es la constitución de una superficie de inscripción. Si no se constituye una superficie de inscripción, lo no–oculto seguirá siendo invisible. La superficie no se contrapone a la profundidad (que retoma a la superficie) sino a la interpretación. El método de Foucault siempre se opuso a los métodos de interpretación. No interpretar jamás, experimentar[1].
Paúl Valery dice en La idea fija[2] que la piel es lo más profundo que hay en el hombre. Y qué mejor que sentir la invitación de la caricia del agua para sumergirnos en el mar. En conversación del personaje del cuento con un médico, que recuerda al haberlo mirado. Encuentro casual, en la costa donde paseaba, meditando, escapando de la alborotada urbe. Después de hablar sobre la hipótesis de la idea fija, que el interlocutor no quiere aceptar, pues para él no hay ideas fijas, pues todo se encuentra en transición, llegan a la hipótesis sustitutiva de las ideas omnivalentes. En este contexto dialogal, es cuando emerge la pregunta: A propósito de superficie, ¿es exacto que usted ha escrito o dicho lo siguiente: Lo más profundo que hay en el hombre es la piel? Aclarando, se dice: Por eso completo mi fórmula: la piel es lo más profundo que hay en el hombre, en tanto que se conoce.
Lo que importa, de la lectura de Idea fija, es comprender, primero, que el enunciado lo más profundo es la piel, se da en una discusión sobre las ideas fijas, que, en realidad, no son fijas sino están en perpetua transición. Lo más profundo es la piel vuelve a anotar la paradoja, ya no en la relación fijo-móvil, sino en la relación superficie-profundidad. Segundo, que el enunciado atraviesa y trasciende el texto Idea fija, connotando consecuencias de alcances sorprendentes y trastrocada repercusión. El enunciado lo más profundo es la piel es un desafío a la lógica tradicional y al pensamiento del racionalismo abstracto.
Ahora, en este poemario que lleva el mismo título que el enunciado, presentamos poemas que cantan a la memoria sensible, a la vida, y desde el acontecimiento multitudinario del afecto.
Humanos demasiado humanos

Humanos demasiado humanos,
muy cerca de los bordes del mundo,
roces imperceptibles de pieles conmovidas
y de los perfiles difusos mismos,
bocetos inconclusos de pintura renacentista.
Muy lejos de los espesores del mundo,
tejidos de ancestrales capas hondas.
Muy lejos de conmovedoras interioridades,
constelaciones de sensaciones proliferantes.
Olvidaron de dónde vienen,
no saben a dónde van.
Perdidos en el laberinto
de las metrópolis deslumbrantes
o en la encrucijada compuesta
de antinomias irresolubles.
Se refugian en caparazones
de neblina intermitente,
cuando la Virgen le dice a Vicente Huidobro:
Mis miradas son un alambre en el horizonte
para el descanso de las Golondrinas.
Donde ocultan sus densos temores,
escondiendo tapados coloniales
en antiguas casas solariegas.
Tampoco pueden ver más allá
de las nubes frías y ambiguas.
No recuerdan que son parientes
de animales y plantas.
La memoria sensible inaugural,
consanguínea, los empalma.
No sienten la fecunda placenta,
habitada de palpitaciones titilantes,
de las lejanas estrellas de la noche.
Pulsaciones territoriales del planeta,
orbitando su estrella incandescente.
Tampoco se reconocen entre ellos,
como si viniesen de universos distintos.
Creen en una enemistad originaria,
separados desde siempre
y enfrentados en guerra eterna.
Se asesinan como Caín a Abel,
en inaugurante crimen primordial.
Perpetran extendidos crímenes de sangre
en la geografía accidentada de las naciones,
en las sociedades desgarradas,
atrapadas en consciencias culpables.
Impulsadas por espíritus de venganza.
Desgarradas por profundas contradicciones
que las arrastran a la desdicha.
Se temen,
desconocidos monstruos,
y se odian,
conocidos semejantes,
destruyendo el tejido
de lazos comunicantes.
Uno para el otro es el demonio,
al que hay que aniquilar.
Abominable fantasma que acecha
los tejados de las casas,
las aceras de los barrios.
Los vidrios de las ventanas
que tiemblan al estruendo
de los afilados dedos de los relámpagos.
Aunque también hay los y las que aman,
danzan, cantan y juegan,
alrededor de la fogata,
en ronda colectiva.
Redimiendo potencia creadora,
liberando pájaros de las jaulas.
Quieren acabar con la guerra permanente,
condena inmutable de la fatalidad,
tejida por las hilanderas de la luna.
Conflagración sin Sur ni Norte,
ni Este ni Oeste. Sin ejes cardinales.
Cuando se han roto los ejes de orientación.
Hechos trizas, espejos quebrados
en accidente augurado
por la voz de acertijo
del oráculo muerto.
Sin orientación el mundo rueda sin destino,
ni porvenir esperado en el tiempo venidero.
No encuentra sentido en esta compulsión de muerte,
en este tanático destino inscrito en el nacimiento.
Juego de ruleta rusa en el eterno invierno
de la pretensiosa civilización moderna.
Fatalidad inherente en el volumen diseminado
de la frugal cultura-mundo sin trovadores,
en deplorable catarsis consumista encantada.
Gula suicida, hambre insatisfecha,
en estas ceremonias bizantinas,
de las representaciones heridas de muerte.
Signos sociales de clasificaciones,
botánica seca de jerarquías inventadas.
Convirtiendo diligencias humanas
en actuaciones orientadas
a los demás espectadores.
Se comportan atentos y consumados,
escondidos como coro griego
en la oscuridad espesa
del teatro de la crueldad.
Esparcen voladores mensajes simbólicos
para impresionar al público
de élite, vestida con elegantes trajes,
en enfilados desfiles militares
o en pasarelas alumbradas
por ojos ávidos de sueños incumplidos,
buscando ser reconocidos como notables.
No son muchos, cambian el mundo
cuando pueden.
Y cuando no pueden son ciclos mutantes.
Metamorfosis de órbitas saltonas,
que transmiten mensajes afectivos
e iluministas de los sabios.
Enciclopedistas atareados
o adolescentes buscando señales
y marcas en los jardines,
arrancando pétalos de flores primaverales.
Arrojándolas al viento insomne.
Hacen críticas y son alegres.
Herederos de reflexiones intempestivas
en la arenas del niño de Heráclito.
Cuando hablan se entregan de cuerpo entero
a concavidades de las palabras.
Cuevas mágicas donde se guardan memorias
enmohecidas por la lengua del tiempo.
Dejando estos carruajes sonoros
transporten sus corazones soñadores
y sus órganos intensos.
Mariposas de colores.
Son pocos, pero son.
Abren huellas oscuras
en los rostros de piedra.
Demuelen prejuicios
con martillos nietzscheanos.
Destruyendo la roca madre
para encontrar la escultura.
Desmienten verdades
mostrando hechos incontestables.
Diluyen mitos con percepciones corporales.
Son existencias indomables.
Destruyen doctrinas
y sustanciales creencias,
con minuciosidad estética
de artistas rebeldes.
No siempre son escuchadas,
como si fueran mudas,
ni atendidas,
como si fueran fantasmas.
Menos entendidas,
como si fueran locas.
Las más de las veces son arrinconadas,
proscritas a las sombras
de la penumbra de los márgenes exilados.
Señalados como conjurados o como despistados,
ignorándolos, para asesinarlos en silencio invisible.
Desterrados en su propia tierra.
No saben los juzgadores y gobernantes,
que la tierra no es cartografía de sus dominios.
Castillos de naipes españoles o prados franceses artificiales.
No es el teatro espectacular de alegorías,
gravadas en hojas con sello de agua,
donde sus discursos redundantes y desgastados
navegan a la deriva en mar embravesido.
No es el granero de egos inflamados,
zepelines globalizados,
donde estallan sus burbujas
como pompas de jabón.
Tampoco son las miserables pugnas
entre enemigos cómplices de lo mismo,
la concurrencia por la dominación deseada,
por el trono del simulacro simbólico
de la gubernamentalidad romana.
Mucho menos son el país imaginado
que gobiernan por herencia.
Al que donan sus esfuerzos
y sacrificios demostrativos,
según versiones oficiales y vernáculas.
La nación genuina está en otra parte,
como en la novela de Milan Kundera,
en el substrato de la sociedad alterativa.
Siguiendo los propios cursos del agua
y de los climas rotativos,
en los flujos de la fuga interminable.
Caballo arrojado al vértigo de Altazor.
Ángel caído sin alas, llevando el paracaídas.
Dando sombra refrescante a los planetas
en bullentes manifestaciones cotidianas
e inventivos desvíos imperceptibles
en los espesores locales.
Están conectados por tejidos culturales
con el maravilloso mundo efectivo.
Mientras los juegos de dominación proliferan
en palacios de lujo o en quintas de mala muerte.
Están las mallas amarrando instituciones,
telarañas invisibles, extendidas en el ambiente.
hacen de pequeños gobiernos locales
en celosos espacios estriados
de la avejentada sociedad civil.
En todas partes se juega al poder
a las jerarquías de mármol,
al prestigio formal,
a la emulación del saber
y a la ciencia.
Mimesis de carnaval,
creyendo que en la repetición
se encuentra el secreto
de la celebridad.
Apología clave de la continuidad
de lo cosechado hasta ahora
por diletante humanidad.
Se extiende el círculo vicioso
de encumbrada autoridad.
El chirriante Estado criticado
por intelectuales meticulosos,
relojeros suizos,
es reforzado con sus intervenciones críticas,
al convertir el iluminismo en antorcha apagada.
Consideran a la luz imitación
de antiguos héroes de epopeya,
disfrazándose de consagrados rebeldes
de manoseados panfletos.
Cuando el Estado es cuestionado
lo defienden como evidente realidad
o necesaria fatalidad,
que no se puede soslayar.
Cuando algún gobierno progresista
se parece a gobiernos conservadores,
analogía perversa de la proximidad pululante,
argumentan que es por conspiración.
La serpiente de múltiples cabezas
que no deja gobernar.
Humanos demasiado humanos,
hijos de la divinidad imaginada,
criados para gobernar,
con potestad natural.
Se conciben los señores de la Tierra.
Escarbando en sus entrañas,
despojando subsuelos entumecidos,
despertados en su letargo
por perforaciones técnicas,
implacable horadación de sus entrañas.
Persiguiendo a rizomáticas vetas minerales
y a yacimientos fósiles licuados.
Caldo de cadáveres de saurios.
Son jinetes del Apocalipsis
devastando maravillosos bosques entrelazados.
Limpian el huerto de tercas yerbas.
Usan maderas muertas destroncadas.
Materia prima para atizar
la hoguera interminable,
cuyo destino es industrial
y enfermizamente comercial.
Explosión de procesos acumulativos,
proliferantes y numerarios.
La mirada contable observa
la madera usada en los andamios
de las crecientes urbes atosigadas.
Ampliando fronteras agrícolas,
espacios arados sin árboles,
plantando alimentos transgénicos.
Talando árboles, continentes de energía solar,
hospitalidades troncales,
acumuladas en ciclos largos.
Convertidos en mercancía rutinaria,
consumida en el momento provisional
del patético goce banal.
Desprecia el valor cualitativo de la vida,
el veterano hombre depredador,
viejo lobo de mar apagado.
No sabes que estás destruyendo tu hogar.
Te quedarás sin bosques ni agua,
te quedaras sólo en el desierto,
en tus páramos yermos
y campos contaminados.
Te quedará con tu orgullo inflamado,
con tus ilusiones de progreso,
con tu evolución de pacotilla.
Los unos creyéndose paladines de la libertad,
los otros creyéndose adalides de la justicia.
Ambos atornillados a los sillones del monarca,
decapitado por la guillotina jacobina,
aposentados en los tronos del desagüe.
Ambos funcionarios de Estado,
senil burocracia milenaria.
Ambos dicen el fin justifica los medios.
Falsos discípulos de Nicolás Maquiavelo.
A nombre de la libertad o la justicia
comenten crímenes palaciegos.
Hombre pretendiendo ser superior
a los animales y las plantas.
Así llama a sus parientes vitales.
No sabe que vienen del mismo genoma originario.
No hablamos de la mujer,
reducida a la costilla de Adán,
a una parte del hombre y a su servicio.
Hablamos del macho dominante,
que ha convertido la decantada fraternidad
en una constante pugna por sobresalir
a costa de los demás.
Hablamos de aquél prestigiador
de la baraja de naipes helados,
que ha reducido el coraje
a constante agresión contra las víctimas.
Cuando se esconde en sus máscaras de mármol,
ocultando sus miedos y pavores atroces.
Murciélagos escondidos en las grutas insondables,
dando vueltas alrededor de sí mismos
como wayroncos encegucidos por el farol.
Humanos demasiado humanos,
sin alcanzar el ideal de la humanidad misma,
quedándose a mitad del camino,
vislumbrando desde donde están
el horizonte no alcanzado.
Sustituido por trazo ficticio, línea imaginaria,
geografía espectral de lo no alcanzado.
Suponen finalidad lograda el haber intentado,
sin esfuerzo ni gasto heroico, renunciar a sí mismos.
Hombre sustituido por la apariencia humana,
mueca grotesca de arquetipo utópico,
colorido antifaz carnavalesco,
perdido en el laberinto de las muchedumbres.
Hablo desde el cuerpo

Hablo desde la cueva donde se agita la tristeza,
se agitan las olas en su ondulante melancolía.
Reclamando a las rocas
o vientos que sacuden a las ramas.
Buscando despertarlas de su letargo vegetal.
Hablo desde los socavones recorridos por nostalgias,
memorias repentinas conmoviendo a las abuelas.
Lagrimeando ante recuerdos depositados en fotografías,
desde las estalactitas quebradas,
lágrimas cristalizadas de las estrellas,
al escuchar rumores del afuera.
Hablo a los humanos,
si algo queda en ellos
de humanidad ideada.
Hablo a las humanas,
sensibles cuerpos dominados.
Creadoras de la vida
y defensoras del amor.
Hablo a sus corrientes vitales.
Ramales de cuencas bañando
crujidos del cosmos plegado,
en el perceptivo cuerpo.
Continente de sensaciones aladas
e imaginaciones vaporosas.
Acompañado de razones luminosas.
Venas y arterias en movimiento rumoroso
Turbulentos ríos nacidos de la cordillera.
Deslizando narraciones copiosas de tramas.
Composiciones acuosas,
profusos afluentes devenidos
en caudal inmenso de sentimientos.
Intérpretes de ecologías del mundo.
Hablo a potencia inhibida
en depósitos de la carne.
Almacenes prohibidos,
secretos sellados.
Nombrados misterios.
Creatividad temida por las instituciones.
Las máquinas burocráticas decidieron rutas,
canales fuerzas capturadas por redes.
Rebaños de ovejas bajo la mirada del pastor.
Inducidos a la disciplina moduladora.
Inscribiendo hábitos en la carne,
a través de ritmos constantes.
Movimientos diseñados.
Pedagogía escolar.
Ortopedia espiritual.
Orientada a la normalidad masificada,
imitación exigua en muchedumbre abrumada.
Estándar inscrito en el promedio de los prejuicios.
Repetidamente plantados en tallares humanos.
La creatividad y la inventiva son encerradas
en oscuros socavones de silencio.
No pueden circular alegres por las calles desoladas.
Su magia cambia lo que toca,
transforma las reglas,
juega al devenir constante.
El leviatán no puede permitir semejante ductilidad.
Plasticidad de las formas, contenidos y expresiones,
magma fundente de la materia palpada.
Ocasión de la disolución de los sólido,
que se desvanece en el aire.
Del orden del mundo,
del orden del discurso,
del orden institucional.
Aunque deje pasar irrupciones del chantaje.
Forcejeo disimulado en los pasillos
del palacio de los espejos.
En los ministerios sin espejos
De ventanas cerradas,
puertas selladas
y armarios atosigados
de papeles insolados.
Campamentos de hongos y oxidaciones de la corrosión
Diseminación aterida en la arquitectura colonial,
de la inmutable inercia estatal.
Terco dilatado otoño patriarcal.
Circense malabarismo de la corrupción.
Prestidigitación del lado oculto del poder.
El Leviatán prohíbe y condena,
juez supremo de la dominación,
que todo esté sostenido por el avatar estético,
por el romance pasional
entre el azar y la necesidad.
¿Nos dejaremos arrastrar por las máquinas de muerte?
¿Dejaremos que la fatalidad inscrita por mecánica nihilista
nos arroje al abismo?
¿Seguiremos tolerando a hombrecitos creyéndose elegidos
para gobernar
y decidir por los pueblos?
Hombrecitos megalómanos,
enamorados de sí mismos.
Jinetes del Apocalipsis
¿Dejaremos arrasar nuestros bosques?
Como se rasura cada quien cada mañana,
con navajas de acero afilado.
Contaminar nuestras cuencas,
como si fuesen cloacas de empresas mineras.
Aparapitas cargadoras de cadáveres
¿Dejaremos depredar territorios
como si fueran desechables?
Envenenar las aguas,
descargando en ellas nuestras pestilentes
culpas.
Asesinar por hambre a millones de personas,
condenar a la sequía al desviar cursos de ríos
o se sentencia a la inundación al construir represas.
Asesinar por metralla a otros millones de personas.
Se fumiga los cultivos industriales,
aniquilando a poblaciones de insectos.
Sino es por armas de destrucción masiva.
Listas para lanzarse,
Ojivas implacables,
dragones del Apocalipsis,
sin importar las consecuencias.
Encontrar cualquier causa como excusa.
Todo en aras del progreso y el desarrollo.
Atesoramiento estadístico en cuadros numéricos.
Fantasmagórica riqueza abstracta,
contabilizada por la administración celosa
de funcionarios de elemental aritmética.
Sumando datos mediados e inconsistentes,
para un insignificante número de familias ocultas
en paraísos artificiales.
Acompañados por necios políticos.
Únicos creyentes de sus insostenibles discursos,
mediocres generales funcionarios de la guerra.
Expertos en técnicas de aniquilamiento.
Despliegan estrategias envolventes de tenazas,
donde se enrollan en sus propias estratagemas,
quienes no encuentran otra solución para los problemas
que la violencia del más fuerte
y la muerte del enemigo inconcreto.
¿Dejaremos que el porvenir se decida en manos de estos eunucos?
Que entregaron sus órganos al emperador del poder simbólico
¿Dejaremos como herencia a nuestros descendientes
la destrucción del plantea y el mundo del Apocalipsis?
¿No es mejor resolver los problemas que nuestras generaciones
desataron abriendo la caja de Pandora?
Entregándoles a nuestros hijos
y a los hijos que vienen,
un porvenir incierto
de la humanidad utópica.
¿No es mejor dejarles un mundo
de puentes y aperturas,
de vasos comunicantes,
de enredaderas trepadoras
y de raíces dibujantes de rizomas?
Sin estos problemas acumulados
de los que somos responsables.
¿Queda en nosotros algo de la humanidad proyectada?
En los renacimientos intermitentes,
en las rebeliones humanistas,
en la subversión del arte,
en el desborde estético,
en la intrépida mirada de la física,
en las topologías matemáticas.
Aunque Gilles Lipovetsky no lo crea.
¿Queda en nosotros algo de voluntad de potencia?
Creadora de valores nuevos.
Elocuencia maravillosa de proliferantes vidas.
¿O cruzaremos los brazos
cerrando los ojos?
Como si así desapareciera la fatalidad,
por arte de magia.
Desconociendo el peligro que amenaza.
Espada de Damocles sobre las cabezas
de la humanidad entera.
Ingenua hasta la extremidad extenuada,
hasta el horizonte disuelto en la lontananza.
Perdida en los confines del mundo,
donde cuelga sus ropas tristes.
Pañuelos arrugados en la despedida.
Peligro que amenaza al planeta completo,
a los tejidos entrelazados y vibrantes
del hospitalario Oikos.
Afecto

Sentimientos.
Entregas corpóreas en cumbres absortas.
Lerdos oleajes de la cordillera
ondulan petrificadas en quietud meditada.
Cumbres hiriendo concavidad desnuda
del cielo desvelado.
Sensaciones.
Vasos vinculantes,
conductos invisibles de fluidos
emocionados.
Enunciados inmaculados de la Virgen.
Mientras Altazor dice:
Hablo una lengua que llena los corazones
Según la ley de las nubes comunicantes.
Entrelazando cuerpos
y universos insomnes.
Formando analogías
de taxonomías borgianas.
Memoria del más remoto comienzo
como si no hubiera habido origen,
sino repentino nacimiento
inesperado.
Cuando las cuerdas improvisan
tocando melodías no compuestas.
Emergiendo espontáneas
al compás de vibraciones.
Siguiendo a las primeras notas
probadas.
Explosión inaugural.
Canto de opera en oscuridad
del teatro de la crueldad.
Emoción incontenida,
soltándose en notas convocantes.
Vocales alargadas como expediciones
de fogosas vibraciones pictóricas,
en las entrañas de la inexistencia
conmovida.
Arrojando los dados a la mesa
de la nada.
Varias tiradas jugando al azar.
Inventando en cada una cadencias
plurales.
Tropel de bisontes melancólicos
y mutantes.
Crisálidas en transiciones esmeradas.
Sinfonías de materias soñadas
en los profundos anhelos del big-bang.
Deseando realizar su sueño,
alterando el silencio.
Sentimiento.
Conmoción del cuerpo.
Contorsión al sentir caricias.
Multiplicación del mundo
inventado.
Voz narradora
escribiendo en la piel
tramas inolvidables.
Viajero veterano
rondando las tierras y los mares.
Recorridos intrépidos de brisas danzantes.
Romántico cuento
leído suavemente
al borde de la cama
para dormir al niño,
adormecido por lecciones del día.
Para dormir a la niña,
cansada de aprender con alegría.
Maravillosos mundos descubiertos,
tesoros escondidos
en rincones de la casa.
Vislumbrados por sus ojos.
Iluminados por curiosidad ansiosa
y absorbidos por su piel
de porcelana.
Amor.
Percusión de tambor,
estremeciendo a la selva,
entrelazando bosques mezclados
y variados nichos conjugados.
Amor
a la embriagante vida
bailarina.
Agua salada de océanos.
Madriguera de peces asombrados
y de bosques de corales festivos
o agua dulce de ríos.
Albergue de lagartos dormidos.
Rumor de cristalina música
bajando desde las montañas.
Turbulencias diluidas
resbalando por las rocas.
Biblioteca de relatos licuados.
Escritos por pueblos danzantes,
asombrados de estadía planetaria
en el cosmos palpitante.
Solícitos en comunicarse con fuerzas
inmanentes.
Ateridas a los rugosos troncos.
Multitudes de árboles contemplativos
azorados.
Por pacientes corrientes de savia.
Vertebrados huyendo al fuego
prendido por el rayo
y retenido por humanos,
con sus hábiles manos.
Fuerzas agazapadas
de las piedras silenciosas
congeladas
en meditación eterna.
Entrega corporal
al permanente nacimiento.
Memoria sensible diseminada
en distintas escalas.
Multiverso incomprensible,
aventurero y jugador de dados.
Sensibilidad pensativa
como recita García Lorca
a Fray Luis de León.
Pensamiento sensible
Canta la luz herida por el hielo.
Intuición adivina.
Carne y primavera, vida y esperanza.
Honda singularidad guardando
el recuerdo,
del comienzo
y del juego.
Repetido en la concavidad cambiante,
donde las galaxias nadan como sirenas
encantadas,
en el oceano inmenso de la materia oscura,
mientras los barcos de luz encienden fogatas.
En la penumbra de bosques ignotos
dispersos por el sueño del cosmos.
Lo más profundo es la piel

No hay superficie sola,
vuelo silencioso de búho
noctámbulo.
Tampoco espesor solitario,
felino cansado, cuyo refugio es la montaña.
Los grosores se expresan en vibraciones,
míticas serpientes luminosas.
Intrépidas, recorriendo ondulantes
extensiones de las membranas
utópicas.
Vibrantes canciones,
rememoradas por guitarras.
Encuentran sus lenguajes y colores,
romance incandescente de trovadoras
o nostalgia estética de pintoras.
Los signos y las figuras.
Voces inspiradas
y pinceladas elocuentes.
Las narraciones y los cuadros,
hendidos en los pellejos
enamorados.
El gorrión se expresa en su trino,
picoteando la aurora
y en la composición pictórica de sus plumas
seductoras.
Canto sonoro despertando a ramas dormidas
y poemas desbordando la madrugada.
Pasa con el delfín de los océanos,
satisfechos con sus copiosos
recuerdos,
o el bufeo de los ríos,
insatisfechos con sus flujos
de cristalinas reflexiones diluidas.
Apresurados por llegar a desembocaduras,
cuya alegría corporal salta por los aires.
Emergiendo de los espesores del mar.
Afluentes amazónicos.
El espesor vital converge en la piel,
donde narra su abultada experiencia.
Escrupuloso escritor en papel
compone memorias en animadas alegorías.
Armoniosos mutantes acordes
comunicando entrañables vivencias
olvidadas.
La piel es donde los espesores mundanos
depositan sus rutilantes mensajes,
dejando sus contorneadas grafías
en la sensible interprete epidermis.
Sabios registros vitales.
La piel es donde los pliegues del multiverso
ensimismado flota navegando
hacia no se sabe donde.
Caracoles escondidos
en sus intimidades.
Se enrollan.
Sintetizan en la superficie afectiva.
Envoltura dulce del cuerpo.
La piel se abre al mundo,
mariposas liberadas.
La piel es pensamiento carnal,
elocuencia de proliferantes sensaciones.
Acompasadas bandadas de aves
y geométricas constelación de peces.
Ritmando argumentos afectivos.
Transición conspicua a imaginarios
rituales.
Convertidos en conceptos.
La piel es lógica del sentido,
construcción paradójica del mundo.
Plegado en profundo sueño,
conjeturada inmanencia.
Metamorfosis de la percepción,
devenir de intuición.
Nicho ecológico de la humanidad,
tan acompañada y tan solitaria
a la vez.
Convocatoria briosa
a la circulación de las estaciones
y a los tejidos de los ciclos vitales.
Notas
[1] Ver Deleuze:
Deleuzefilosofia.blogspot.com/2007/08/lo mas profundo es la piel.
[2] Ver La idea fija.
Somoslxpiraratas.files.woedpress.com/2016/08/la idea fija de paul valery.pdf.
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