La singularidad de la ausencia
La singularidad de la ausencia
Sebastiano Mónada
Dedicado al hermano "Mono"
No estás entre nosotros, entre las cosas, en el mundo,
que miraron tus ojos con preguntas,
no contestadas.
No estás, eres ausencia, eres recuerdo.
Nostalgia inmensa.
¿No estar es una manera de ser?
¿De ser ausencia, de no estar presente,
salvo las imágenes captadas en las fotografías?
Mudas imágenes de la gramática figurativa.
No estás, digan lo que digan en las palabras
cuando te buscan las oraciones.
Es un vacío, un agujero negro,
que se traga toda la materia,
toda la energía, incluso del mundo propio.
El único, el tuyo. El que inventaron tus ojos.
Stephen Hawking dice que en el agujero negro
se pierde la información.
Quizás no toda.
Quizás hay un lugar recóndito indescifrable
en la gravitación infinita del agujero,
luminosidad oscura resumida en la intuición.
Quizás en su singularidad se guarde la información fundamental,
donde la energía se transforma en eternidad.
La síntesis imposible del tiempo transcurrido.
Sin recuperarlo, sin encontrarlo idéntico a sí mismo.
Sino distinto, tan diferente, que no lo reconocemos.
Ya no es tiempo, es desaparición del espacio-tiempo,
Ya no hay tejido, ni textura, ni urdimbre, ni composición.
Tampoco alegoría simbólica.
Mito de un origen que no hubo.
Ya no hay universo, sino inmanencia infinita,
replegada en sí misma.
No lo sabemos.
Tampoco podemos interpretar los indescifrables jeroglíficos
de la narrativa incomprensible de esa singularidad,
única, distinta a cualquier comparación forzada,
que lo resume todo en un punto que no existe.
Estamos asombrados ante el acontecimiento,
cuando las llamadas leyes del universo se esfuman.
Aquella concentración absoluta habita su singularidad,
que es la desaparición de todo,
anterior al orígen de la creación,
de una manera que es imposible entenderla.
Hasta las estructuras infinitesimales han desaparecido.
¿Acaso sólo quedan ondas en su inicio, en su comienzo,
en su intencionalidad imposible de realizar?
¿Acaso son las cuerdas las que tocan la sinfonía cósmica?
¿Un universo imposible? ¿Un No Universo inédito e inconcebible?
No lo sabemos.
Lo que sí sabemos es que estuviste con nosotros un tiempo,
en un transcurrir al modo de Heráclito.
En el devenir del ser, donde el ser nunca es el mismo.
En el río donde nadie se baña en las mismas aguas.
El rio del Tao, el camino natural,
el fluir vital.
Donde la humildad, la flexibilidad, la suavidad,
la adecuación espontánea desbordan al poder.
Devenir del ser siempre distinto,
cargando en las espaldas lo que fue,
cargando en la memoria lo que no fue.
El deseo del deseo imposible de satisfacer.
Estuviste con nosotros y nosotros contigo,
sólo queda la reminiscencia de lo que captamos de ti,
en la penumbra y en la visible transparencia de la luz,
en la claridad numinosa,
atravesando cuerpos,
haciendo visibles sus sensaciones hendidas,
sus sentimientos metafóricos.
¿Sólo queda recordarte acaso?
¿Sólo queda recordar tu ocaso?
¿Sólo queda recordar tu alborada?
¿Sólo queda recordar tu mediodía?
¿Qué pasa con tu medianoche?
Medianoche simétrica al melodía,
cuando el sol está en el centro de la bóveda atmosférica.
Medianoche armoniosa, mediodía opuesto, antagónico,
cuando el origen del universo se encuentra en el centro mismo
de todo comienzo.
Para Friedrich Nietzsche el mediodía y la medianoche son el momento
crucial y equidistante de la potencia creadora.
Queda entonces meditar en tu ausencia tu presencia impostergable.
Como monjes budistas insobornables,
que en la quietud reflexiva se pliegan en el silencio
para encontrar la iluminación.
No desear nada, no querer nada, no poseer nada.
No tener voluntad de nada, salvo el placer de todo.
El goce vital del instante eterno.
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