Desapego terrenal 

Sebastiano Mónada 







No tienen apego a la tierra, por eso la entregan, la cambien por nada.
No aman su espesor geológico, tampoco su atmósfera límpida y pura.
No tienen memoria del Oikos donde nacieron un día cualquiera.
Para ellos es lo mismo haber nacido en alguna parte siquiera.

No tienen apego al territorio, tampoco al espesor del tiempo enmarañado.
Para ellos la tierra es una mercancía, un mapa que se puede canjear.
Cambiaron el Atacama por un
 ferrocarril.
Entregaron el Acre por otra vía férrea.

No les importa haber perdido la mitad del territorio, 
heredado por criollos de la Audiencia de Charcas,
al finalizar la larga y cruenta guerra anticolonial,
espacio geográfico que fragmentaron
diseminando su variada composición.

No son capaces de morir por la tierra perdida 
en una guerra prolongada para recuperarla 
y expulsar al ocupante ejército de La Moneda,
prefirieron apresurar la ignominiosa retirada
dejando al aliado solitario combatir dos años más.

Querían entrar a Asunción látigo en mano, 
así como manejaban a sus pongos en el Altiplano.
Declararon la guerra a otro país pobre como el nuestro,
víctima de las intrigas de los consorcios 
y de las corporaciones internacionales
del reinado británico de los corsarios.

Un país que ya había peleado la guerra de la triple alianza, 
conflagración urdida por la monarquía del Reino Unido
y la burguesía libre cambista de la revolución industrial.
Imperando en los océanos con sus cañoneras amenazantes.

Llevaron tres ejércitos al Chaco a destrozarse sin estrategia, 
invitando a un general germano de la guerra de las trincheras,
cuando ya la táctica y la planificación bélica era de movimiento.
Perdieron la guerra dejando plagado de cadáveres sedientos
en el territorio de caza de los pueblos guaraníes.

Cuando fue despedazado el primer ejército 
armaron de improviso dos tropas vulnerables,
ingresando armados a tierras comunitarias 
para arrancarles a sus hijos de sus terruños, 
expropiados por la expansión de las haciendas,
para llevarlos a morir al Chaco Boreal.

Se consideran hombres modernos cuando son perfiles barrocos.
Apenas vislumbran los abalorios del espectáculo del mercado.
Confunden lo concreto con el fetiche ilusorio,
se dejan llevar por fantasmagorías sin destino, 
que se convierten en desilusiones sin horizontes.

Hombres sin atributos perdidos en sus laberintos,
confunden el futuro con sus deseos insatisfechos,
con sus prejuicios adheridos en la carne,
con fantasmas que invaden habitaciones 
en la oquedad nocturna del insomnio.

Reducen la vida a los límites marcados por la muerte.
Creen que vivir es consumir inagotablemente mercancías.
Hablan de progreso cuando ya la experiencia social
mostró la destrucción del desarrollo del capital.

Hablan de prosperidad cuando sólo aparecen 
las cruentas huellas de la civilización de la muerte,
las heridas abiertas en las montañas,
las cuevas socavadas en las entrañas,
los huecos vaciados en el subsuelo.

Para ellos el desarrollo es extracción de lo vital,
para entregarlo al apetito transnacional.
No conciben la autonomía de lo nacional,
pues no entienden de soberanía popular.

Hay desapego en sus costumbres,
hay levedad en sus comportamientos,
hay olvido del ser en su memoria,
carcomida por su ilusoria gloria banal
de creerse importantes en reducida historia.

¿Qué tienen por delante? ¿Seguir perdiendo el mapa?
¿Seguir canjeando territorios por nada?
¿Quiénes son para hacerlo? 
¿Absolutos patrones del destino?
¿Han preguntado alguna vez al pueblo?
¿Se les ha ocurrido alguna vez pensar en ellos?
Los que padecen por sus decisiones altaneras.
A los que sólo los consideran cuando votan.
A quienes le lanzan promesas que no cumplen.

No ha cambiado nada desde hace dos siglos,
o ha cambiado poco desde hace dos ciclos,
o ha cambiado mucho por las superficies
y las apariencias modificadas por la moda.

Lo que no ha cambiado es la mentalidad enajenada,
El desapego por el país del que se sienten ajenos.
Psicología dramática de la oligarquía,
Complejos repetidos en la nueva jerarquía
De los eternos zalameros de lo extranjero.

Gobernaron dos siglos administrando el saqueo,
quieren seguir con este habitus arraigado,
asesinando el porvenir de los que habitan
enraizados al espesor territorial que aman,
aunque son despojados de sus únicas armas,
la interpretación cultural dinámica
y la renovada memoria del futuro. 











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