El crepúsculo de un imperio genocida
El crepúsculo de un imperio genocida
Raúl Prada Alcoreza
La ofensiva apocalíptica de la burguesía gamonal
Dicho de manera desenvuelta se puede resumir lo que está pasando de la siguiente manera:
Hacen propaganda y difunden la imagen de que las empresas públicas no funcionan, para apropiarse de éstas, hacerse ricos de la manera más rápida y fácil sin haber hecho esfuerzo, salvo su dedicación a las descalificaciones de la empresas públicas, su concentración compulsiva en hacer la reforma de la Constitución para “abrir candados”, que les impiden expropiar a los bolivianos y bolivianas de sus recursos naturales.
Hacen propaganda y difunden la imagen de que las organizan sociales son “salvajes”, quieren deshacerse de ellas para poder hacer lo que les da la gana, sin control ninguno, como cuando dominaban los Barones de estaño o los Barones del Oriente, como un Super Estado.
Hablan de “autonomía de facto”, aunque les importa un bledo la autonomía, quieren el poder total para dominar al pueblo arrinconado y desarmado, quieren apropiarse de todo el territorio y entregárselo a los extranjeros. En la Constitución está establecido un régimen autonómico amplio, dinámico, cualitativo y democrático, hecho posible por el entramado de competencias exclusivas, privativas, concurrentes y compartidas. Lo único que hay que hacer es cumplir con lo que la Constitución establece. Hasta ahora esto no ha ocurrido. Empero no quieren esto, solo quieren el dominio y el control total de todos los recursos, teniendo al pueblo acallado, sin voz ni potencia.
También hablan de federalismo sin tener la menor idea de lo que significa e implica, desde su realización democrática. Primero, un nuevo ordenamiento territorial, segundo, el ejercicio múltiple de los gobiernos autónomos, en distintos niveles. Ya la autonomía establecida constitucionalmente define el pluralismo autonómico. Tercero, el autogobierno múltiple asociado, el control y la participación social. En realidad tampoco quieren federalismo, quieren secesión. Esperan contar para ello con potencias imperialistas y genocidas, como el caso del Estado sionista genocida.
Hablan de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, cuando son ellos parte de la guerra de los cárteles, cuando son ellos los que están inclinados a la masacre de la sociedad movilizada, además de apoyar el genocidio. Algo que no les avergüenza.
El país y el pueblo están en peligro. Se ha desatado una ofensiva de la híperburguesía mundial y de las burguesías locales, aunque no de todas, contra los pueblos y sociedades, para realizar su sueño más oculto y delirante: Gobernar y enseñorear sobre cementerios.
La responsabilidad del pueblo no es solamente resistir, sino organizar la defensa de la vida, del porvenir, de la Constitución, de los recursos naturales y los ecosistemas.
La amenaza del monarca bizarro
Un presidente bizarro de la híperpotencia hipertrofiada en decadencia amenaza a América Latina y el Caribe. Este delirante personaje no encuentra otra cosa que desplegar violencia por todas partes, amenazar constantemente, presentarse como el abominable jinete del Apocalipsis. Ese es el mensaje que quiere realizar permanentemente, empero, el discurso, la pose de fanfarrón, la vociferación estridente, ocultan lo que en realidad ocurre:
El desmoronamiento del dominio estadounidense norteamericano, porque la hegemonía hace mucho tiene que la ha perdido, quizás desde el asesinato de John Fitzgerald Kennedy por parte del Mossad.
El fracaso rotundo de la ilusoria forma de vida “americana”, sin fondo cultural, porque borraron la historia de las naciones y pueblos indígenas, como ahora lo hace el Estado sionista en el Levante. Fracaso que no deja memoria, salvo la huella del genocidio contra contingentes de naciones y pueblos nativos, además de la funesta historia de intervencionismo en América Latina y el Caribe y en el mundo. No deja memoria cultural pues su paso por la historia del mundo, del planeta, de la humanidad es artificial. Sólo la violencia de su inauguración, de su desplazamiento imperialista, de su expansionismo, de su intervencionismo intermitente dejan la huella como herida abierta en la larga historia de las civilizaciones.
Estados Unidos de Norteamérica no construyó un proyecto humano, tampoco democrático, aparece en un momento de crisis, casi terminal de Europa, la península de Euro-Asia, cuando se cerraron las rutas de las especies y el comercio con el Oriente. La conquista del continente de Abya Yala, su despojamiento y desposesión, les mermitió dar un salto, convertirse en el centro del sistema mundo moderno. Estados Unidos de Norteamérica es la extensión de la Europa genocida. Al sur de río grande se da un barroco social y cultural, donde las resistencias nativas, afros y mestizas, modificaron el mosaico cultural, recogiendo las distintas memorias perdurables de las sociedades y pueblos conquistados y de lo pueblos africanos esclavizados.
En la actualidad, en el momento presente se han vuelto a cerrar las rutas del Oriente para el Occidente decadente. Se cerró el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Bab el-Mandeb, aunque ahora se trata de las rutas del petróleo. Vuelve la Europa genocida, en su versión estadounidense, a encontrarse en una fase terminal clausurante. No hay un continente desconocido que puedan conquistar y colonizar, que los pueda salvar de una caída inminente, de un desmoronamiento anunciante de su desaparición. Por eso, quieren reconquistar y recolonizar el sur del continente. Sin embargo, se enfrentan a un subcontinente que transformó las resistencias en culturas abiertas a estéticas inventivas, transformó las resistencias en propuestas alternativas al sistema mundo moderno, construido por la conquista y la colonización.
En este contexto crepuscular de la híperpotencia hipertrofiada aparecen constituciones subjetivas maltrechas, incongruentes, grotescas, inacabadas, retorcidas, de consciencias desdichadas, atormentadas por contradicciones profundas que no pueden resolver. Por eso la extrema violencia que desborda por parte de las expresiones bizarras del imperialismo anacrónico, que, cada vez más, aparece como muestra de desesperación senil.
Al sur del río Grande han aparecido minorías despóticas, que creen, ingenuamente, sin códigos culturales, en el “sueño americano” irrealizable, que era la ilusión de los migrantes, que ahora son perseguidos, expulsados, enclaustrados en campos de concentración secretos, torturados, cercenados de sus órganos para el comercio dantesco de cuerpos, que perpetra la clase Eipstein, cuyo dominio truculento agoniza.
En este sur, los que se denominan popularmente cipayos, minorías de oligarquías locales y mafias de tráficos ilícitos colaboran, como sepultureros de cadáveres de sus pueblos, con la híperpotencia hipertrofiada en decadencia, en su intento de reconquistar y recolonizar Latinoamérica y el Caribe. Estas minorías cipayas se enfrentan a las resistencias de los pueblos, resistencias que terminaran venciendo a los interventores del Escudo de las Américas, que es un conglomerado de genocidas, sátrapas y mafias coligadas con el monarca naranja del norte.
Ante la guerra declarada contra los pueblos y sociedades, la responsabilidad es asumir la defensa organizada de los pueblos asociados para expulsar a los gobernantes cipayos y al intervencionismo, acompañado de la ocupación que se quiere perpetrar.
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