El desgobierno a la deriva
El desgobierno a la deriva
Raúl Prada Alcoreza
El gobierno ecocida
El gobierno de Rodrigo Paz Pereira no sólo es parte del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, sino que extrema los procedimientos de destrucción ecológica, levantando la protección de la áreas, dispuestas para su conservación, suspendidas los parques nacionales, entregando los económicos sistemas a la contaminación, depreciación y destrucción, por parte de los cooperativistas mineros, los pirómanos de bosques, la ampliación demoledora de la frontera agrícola, minera, maderera, ganadera.
Ahora busca deshacerse de los guardaparques, los cuidadores de bosques y cuencas, para extender intensamente la destrucción ecológica, social y humana, en aras del capitalismo salvaje de la burguesía gamonal, la burguesía cooperativista, las empresas transnacionales.
Este gobierno cipayo compite con los otros jinetes del Apocalipsis a quién es más destructivo, demoledor y exterminador de la vida.
La responsabilidad del pueblo es defender la vida, es defender el patrimonio de los bolivianos y bolivianas, defender el agua, los territorios y las atmósferas de la contaminación, depredación y destrucción. Es de su responsabilidad defender a los guardaparques.
El servilismo extremo de los cipayos
El entreguismo cipayo no tiene límites. Los gobernantes no tienen idea de lo que significa la dignidad, incluso el decoro. Sin ocultar nada, firman un documento comprometedor de intervención contra su país, que es el “Escudo de las Américas”, hacen gala de su sumisión a la híperpotencia hipertrofiada en decadencia, y al Estado sionista genocida, se enorgullecen de ser serviles, aboliendo la soberanía nacional.
Esta gente no se avergüenza de haber entregado el manejo gubernamental a un agente extranjero, a un operador manipulador y estafador, que usa granjas de bots, regimientos de troles y tecnología de hackeo, para destruir las democracias en América Latina. No se inmutan ante el develamiento del negociado de la gasolina, del encubrimiento del narcotráfico, del contrabando de oro, del movimiento de maletas, que saltan controles aduaneros, del movimiento de ingentes cantidades de dinero, del uso de extraordinarios recursos para comprar parlamentarios, tribunales, políticos, militares y policías, que manejaba el íntimo asesor, colaborador y agente del presidente.
La decadencia política no podía haber llegado tan lejos. Esto ocurre cuando los que fungen de gobernantes no tienen patria, tienen, más bien, desatado el síndrome del poder, que tiene que ver con el deseo, imposible de satisfacer, de llenar el vacío de sus insípidas vida con riquezas fácil y despotismo desplegado.
Los hilos de la manipulación
La figura de los títeres y de los hilos que maneja el titiritero ha acompaña a la denuncia y a la interpelación política. El titiritero maneja con las manos a sus muñecos. De ahí que la imagen de la manipulación ha adquirido una figuración teatral. Ha pasado mucha agua bajo el puente, cómo se dice popularmente cuando nos referimos al tiempo transcurrido esta vez en la historia política. La figura de la manipulación ha adquirido novedosas transformaciones cuando intervienen dispositivos de poder, que funcionan en redes, que son operadas de manera más sofisticada, usando instrumentos tecnológicos avanzados, sobre todo vinculados al internet y a la cibernética, que han resultado altamente eficientes, en lo que se viene a llamar la manipulación masiva de la gente.
Recientemente se ha hecho famoso, debido a los escándalos de por medio, el uso de granjas de bots, de regimientos de troles y de tecnología de hackeo, que interviene en la manipulación de las elecciones, imponiendo a fantoches y escenarios de impostura, mediática y enjambres de falsas noticias. Con lo que la democracia misma institucional habría desaparecido.
No es sorprendente encontrar que la manipulación se conecta también con la estructuras de poder perversas, tanto del narcotráfico y tráfico de estupefacientes, así como otros tráficos, por ejemplo, el de armas y el de cuerpos, vinculados a la trata, también a la pedofilia. No es sorprendente, tampoco que esto ocurra en los entornos del ejercicio del poder, sobre todo en las jerarquías de las potencias comprometidas con el saqueo geopolítico de inmensa periferia del sistema mundo capitalista. Puede sorprender que se termine aceptando por parte de los Estados, supuestamente civilizados, la perpetración actual del genocidio. Lo que llama la atención es que todo esto se acepte, adquiera visos de normalización de las monstruosidades desplegadas por el poder. Esto quiere decir que se ha llegado a niveles espantosos de la condición bizarra, tanto de la clase política vario pinta. Sobre todo de las jerarquías del poder mundial, así como de la misma sociedad, que toma lo que ocurre con cierta indiferencia.
Recurriendo a la figura de la manipulación, podemos aseverar, metafóricamente, que el gobierno es títere del proyecto apocalíptico de la hiperburguesía, que domina el mundo. Que es una pieza más de los dispositivos de una derecha internacional, que ha decidido lanzar una ofensiva mundial contra los pueblos y la sociedades, contra la democracia institucional, contra la cultura contra la ciencia y la inteligencia. En definitiva contra la vida. Ocurre como si se estuviera al borde de la catástrofe y, en vez de solidarizarse con todos los pueblos y sociedades, en vez de desprender empatía, se saque a flote todas las más grotescas miserias humanas.
Hace un tiempo, se dijo que un pueblo que oprime no puede ser libre, nosotros dijimos que un pueblo que no defiende sus territorios, su Constitución, sus derechos, su soberanía, sus recursos naturales, no merece existir. Podemos extender lo que decimos a la condición de un pueblo que se deja manipular, porque al dejarse manipular, es cómplice de la destrucción, que se perpetra contra la vida, contra la democracia, contra la cultura, contra la ciencia y contra la inteligencia. Sobre todo asesinando el porvenir.

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