Ilegitimidad, corrosión institucional y corrupción

Ilegitimidad, corrosión institucional y corrupción


Raúl Prada Alcoreza




En esta exposición presentamos dos notas, acompañadas de reflexiones, sobre problemas de legitimidad en el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, en lo que podemos llamar, provisionalmente, recurriendo a la metáfora marxista, superestructura estatal, jurídica y política. Una tiene que ver con la caracterización del ejercicio del poder en plena decadencia del orden mundial de las dominaciones, otra es la que bosqueja un análisis de la psicología de la corrupción.


El pueblo tiene derecho a recuperar su soberanía 

La hipocresía de los parlamentarios de derecha que aplauden la intervención en Bolivia de la clase Epstein y de MAGA supremacista, racista y genocida, devela su doble moral, su doble cara, además de mostrar su indigno comportamiento sumiso ante la híperpotencia hipertrofiada en decadencia. No formaron una Comisión por el caso Cerimedo, a pesar de la contratación de sicarios del narcotráfico para asesinar a su pareja, por parte de este señor. Empero aplauden vociferando la intervención imperialista en Bolivia. Repiten como loros lo que dice su amo Marco Rubio, el secretario de Estado, comprometido con el narcotráfico. Este comportamiento obviamente no es coherente, es más, es grotesco y contradictorio.


Ahora bien, es posible que Roger Mariaca sea corrupto, además se sabe, desde hace mucho tiempo, que el poder judicial, sus estructuras nacionales, departamentales y locales están corroídas hace mucho tiempo. Sin embargo, esto no justifica una intervención ilegal, con rapto de por medio, utilizando a policías cipayos, cuyo mando ya no se encuentra en los altos mandos de la policía boliviana, sino en los mandos de MAGA. La coalición supremacista, racista y genocida y de la megacorrupción, que ha arrastrado a su país al borde de la guerra civil, llevándolo a una conflagración bélica sin sentido en el Medio Oriente, con el único objeto de hacer negocios. Esta guerra de laboratorio no solamente forma parte de juegos perversos de la geopolítica anacrónica, como dicen muchos analistas, sino de la especulación bursátil de la hiperburguesía y de la oligarquía tecnológica, en la que está metida la familia del presidente bizarro de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump. 


Los parlamentarios de derecha cierran los ojos ante estos hechos, sólo ven los montajes de los dispositivos de intervención de la híperpotencia, sólo escuchan lo que dicen sus amos de la clase Eipstein, que preparan los formatos de sus discursos, que leen en conferencias. Nunca como antes, se ha llegado una sumisión tan patética como la que acontece. Ahora el que gobierna es el embajador de Estados Unidos de Norteamérica, es el que manipula y monitorea los operativos de la guerra sucia de la clase Eipstein. A estos señores del parlamento les parece que es una lucha contra el narcotráfico lo que hacen los narcotraficantes encubiertos de MAGA. A estos señores les parece decoroso no hacer nada ante el robo descarado y el negociado de la gasolina basura, que ha afectado al pueblo. No les parece una mala acción, digna de condena, que exige intervención parlamentaria para parar la corrupción galopante, el hecho comprobado del contrabando de oro, donde está metido el mismísimo presidente y su entorno, contando con la colaboración del asesor-agente del presidente para la guerra sucia, Fernando Cerimedo. A estos señores no le parece condenable el hecho comprobado de que el agente-asesor del presidente cobre por narco vuelos. Sin embargo, pretenden dar lecciones de moral y hacen aspavientos de condenar al narcotráfico.


Obviamente no se trata de defender a los otros, a la otra parte de la corrupción, a la otra parte del narcotráfico, a los otros cárteles de la guerra por el control territorial, las rutas y los mercados, en la guerra sucia por el excedente maldito. Una efectiva lucha contra el narcotráfico, contra la corrupción y los malos gobiernos es radical, es decir, se trata de ir a las raíces del problema. Esta lucha radical no es demagógica ni de poses teatrales, ni de conductas hipócritas. La raíz del problema tiene que ver con la economía mundo de lado oscuro, que a su vez tiene que ver con el sistema mundo del lado oscuro. Un economía y un sistema que no solamente han atravesado al sistema mundo moderno, sino que su nacimiento perverso se encuentra en los orígenes mismos del sistema mundo capitalista. No se puede combatir a los monopolios, manteniendo los monopolios mismos, que deberían ser abolidos, dando lugar a lo mismo que dicen los liberales respecto del mercado. Por si acaso Fernand Braudel ya demostró que el capitalismo está contra el mercado. El control de los cárteles del narcotráfico es altamente monopólico. Se trata de una guerra entre monopolios, que controlan la producción, las rutas, es decir, la distribución, el mercado y el consumo de los narcóticos y los estupefacientes. Un teórico liberal, Milton Friedman, ya lo dijo antes, que la mejor solución es levantar la prohibición de la drogas. Esta es la forma con la que se ha acabado, en Estados Unidos de Norteamérica, con las mafias vinculadas al monopolio del whisky prohibido. 


El problema es que esto no lo van a hacer las organizaciones internacionales, los Estados nación, mucho menos la híperpotencia, porque precisamente participan del negocio de una manera directa o de una manera indirecta. Como hemos dicho antes, en otra exposición, son parte de los círculos concéntricos del narcotráfico. En otras palabras, repitiendo lo que ya dijimos, la lucha contra el narcotráfico, forma parte de la reproducción del narcotráfico.


No es que los parlamentarios pequen de ingenuos, de poco informados, también de poco formados, de anacrónicos, porque no están al alcance de lo que ocurre, ni les interesa saber. Sólo se mueven por estereotipos. El problema es que están comprometidos con la ocupación e intervención de su país por parte del imperialismo anacrónico norteamericano. El problema, y no lo van a decir, es que están pagados por recursos extraordinarios para comportarse y votar como exigen los intereses de la clase Eipstein, que quiere robar los recursos naturales, los territorios, las aguas y los bosques a los latinoamericanos, para entregárselos al proyecto sionista de expansión y exterminio de sociedades y pueblos.


Éste es el tema y no la falsa discusión de si se lucha o no se lucha contra el narcotráfico. Esta pose no es más que un teatro barato, de un guion burdo y de malos actores, que no llegan, de lejos, a la comedia de Molière, Jean-Baptiste Poquelin. 


Los bolivianos se han quedado sin soberanía, han perdido el país, ya no tienen un futuro. Como hemos dicho antes, Rodrigo Paz Pereira nos vendió por lentejas a la clase Eipstein. El Estado ya no es el Estado nacional, el gobierno ya no es gobierno de Bolivia, el ejército es un ejército de ocupación, la policía es una policía cipaya, el Congreso, salvo contadas excepciones, es es un dispositivo más de la ocupación. Ante semejante situación y peligro existencial, el pueblo tiene derecho a la sublevación para recuperar su soberanía, para recuperar su país, para recuperar su porvenir.


Psicología del corrupto 

Los corruptos no pueden resolver el problema de la corrupción, un corrupto no puede acusar a otro corrupto de  estar metido en la corrupción puesto que el mismo está enlodado. A no ser que se quiera destacar la ironía del círculo vicioso de la corrupción. Sin embargo, es esto precisamente lo que pasa, ¿Qué tiene en la cabeza el corrupto para creer, si es que lo cree, que no es corrupto, que está fuera de este vicio social? ¿Cuál es la psicología del corrupto?


Características de la psicología del corrupto

El corrupto casi nunca se ve a sí mismo como corrupto. Esa es la clave de su psicología. No vive con culpa constante, vive con una historia propia que le permite no sentirla. El núcleo no es el dinero, es la identidad. La corrupción no funciona sólo como cálculo económico. Funciona como regulador psicológico. Efectúa el manejo de la autoestima: El dinero o el favor no es solo ganancia, es prueba de ser más listo, más poderoso, más respetado que otros. Muchos corruptos tienen una autoestima frágil y narcisista que necesita confirmación externa constante. Efectúa el aparente control y pretende seguridad: En entornos impredecibles, como ocurre en muchos sistemas políticos y burocráticos, corromper da sensación de control. "Yo manejo los hilos". Se predispone a un distanciamiento respecto de la víctima: No roba a una persona con rostro, roba a "el Estado", "la empresa", "al sistema". Esa interpretación auxiliar es fundamental para no sentir empatía.

Pregunta del sentido común: ¿Cómo logra dormir tranquilo?: Se da lugar el desenganche moral. Albert Bandura describió ocho mecanismos que se usan para desactivar los propios valores. El corrupto es un experto en estos mecanismos. Inventa la justificación moral: "Lo hago para ayudar a mi familia, a mi partido, para que las cosas avancen". Emplea un lenguaje eufemístico: No es soborno, es "agilización", "comisión", "apoyo", "gestión". Efectúa una comparación ventajosa: "Yo solo me llevé 10 mil, otros se llevaron millones". Se dan lugar desplazamiento de responsabilidad: "Me lo ordenó mi jefe, el sistema es así". Se comparte la difusión de responsabilidad: "Todos firmamos, todos participamos, no soy solo yo". También se da lugar la minimización de consecuencias: "A nadie le hace daño, ese dinero sobra". Sobre todo se ocasiona la deshumanización: La víctima no es gente, en esta cosificación se dice, en un caso, son "esos de arriba", "los pititas", “los de derecha”, “los empresarios”; en otro caso se dice que son “los de izquierda”, “los comunistas”, "los masistas", “ los narcos”, “los terroristas”, “los comuneros”. Otro mecanismo es el de culpar a la víctima: "Si ellos no quieren pagar coimas, que no vengan a hacer trámites". Con uno o dos de estos, la disonancia cognitiva desaparece. La persona puede seguir creyendo que es buena persona mientras hace algo que condena en otros. 


Por otra parte, hay que destacar ciertos rasgos que predisponen conductas, empero no determinan. No hace falta ser psicópata para ser corrupto. La investigación apunta más a una combinación: Triada Oscura en dosis bajas: Narcisismo (derecho a trato especial), maquiavelismo (creencia de que el fin justifica los medios) y baja empatía afectiva. Además se da la externalización del locus de control: Se considera que el mundo es injusto y que si no se toma ventaja, otro la tomará. También se da lugar al desarrollo moral bajo: En términos de Kohlberg, se queda en nivel preconvencional ("si no me pillan, está bien") o convencional ("si mi grupo lo hace, está bien"), no llega, por así decirlo, a principios universales. Pretende contar con licencia moral: "Como yo trabajo mucho, sufro mucho, he sido leal, ya me lo merezco". Un supuesto crédito moral previo que autoriza la transgresión.


Por otra parte se tiene lo que se llama la pendiente resbaladiza. Nadie empieza robando un millón. El proceso es casi siempre el mismo: Un favor pequeño y ambiguo. Aceptar un regalo, acelerar un trámite. Se vuelve habitual el comportamiento. Entonces el cerebro deja de registrarlo como transgresión. La dopamina de la primera ganancia necesita una dosis mayor. Se da como una normalización grupal. Ve que otros lo hacen y no son castigados. El grupo lo valida. Entonces se produce lo que se denomina la reescritura de identidad. Ya no es "hice algo corrupto", es "soy alguien que sabe moverse en el sistema". En este punto es muy difícil salir sin derrumbar toda la autoimagen.


El núcleo no es el dinero, es la identidad. La corrupción no funciona solo como cálculo económico. Funciona como regulador psicológico. Se efectúa el manejo de la autoestima: El dinero o el favor no es solo ganancia, es prueba de ser más listo, más poderoso, más respetado que otros. Muchos corruptos tienen una autoestima frágil y narcisista que necesita confirmación externa constante. Como hemos dicho, pretende control y seguridad: En entornos impredecibles, variados y distintos, ocurre en espacios políticos y burocráticos, también en instituciones descentralizadas, donde corromper da sensación de control. El más peligroso corrupto no es el oportunista, es el identitario y el ideológico, porque no siente que deba cambiar. El oportunista todavía siente vergüenza. 

Pregunta: ¿Por qué se sostiene esta inclinación a la corrupción? El sistema le da tres recompensas psicológicas que lo hacen adictivo: Recompensa inmediata, pertenencia a un círculo cerrado que comparte secretos, y ausencia de castigo visible. Podemos decir que se da cuando castigo y culpa son abstractos y lejanos, en tanto que el beneficio y la pertenencia son inmediatos y concretos. La psicología humana casi siempre elige lo inmediato. 

La tarea de entender todo esto, las dinámicas de la corrupción, no es, de ninguna manera algo parecido a una justificación, se trata de entender que combatir la corrupción solo con discursos morales no sirve, porque el corrupto ya tiene un discurso moral que lo absuelve. Para tal efecto sirve más el diseño de sistemas: Reducir ambigüedad, hacer visible a la víctima, romper la difusión de responsabilidad, y hacer que el costo sea inmediato y personal, no abstracto. [1]


Algo que tenemos que sacar de estas caracterizaciones es que el corrupto tiende a no sentirse culpable o no tiene consciencia de ello, de alguna manera adormece su consciencia, se auto-convence mediante la invención de explicaciones auxiliares. Podemos decir que las prácticas de corrupción están vinculadas a espacios de poder, también a espacios económicos. Podemos visualizar el diagrama de poder de la corrupción.


Diagrama de poder de la corrupción 

En Consideraciones sobre el diagrama de poder de la corrupción escribimos lo siguiente:


Dijimos que la corrosión institucional y la corrupción están íntimamente vinculados al poder; también configuramos estas prácticas paralelas de dominación como el lado oscuro del poder. Así mismo, mostramos la extensión mundial de este diagrama de poder, atravesando las mallas institucionales, incluyendo a los organismos internacionales, sobre todo al sistema financiero internacional. Por otra parte, dejamos claro que no compartimos esa perspectiva de la consciencia culpable y de la culpabilidad, apoyada en el acto de juzgar; pues el juzgar es otra práctica de las estructuras de poder. Teniendo en cuenta estas consideraciones vertidas, vamos a intentar sugerir nuevas interpretaciones sobre este álgido tema. 

Comencemos con unas preguntas: ¿Por qué los que se envuelven en las prácticas de corrupción y relaciones clientelares se esfuerzan desesperadamente en demostrar su inocencia? ¿De dónde sacan esa energía para hacer persistente la escena de que no están comprometidos y que se trata de acusaciones de la “conspiración”?

Alguien podría responder apresuradamente y decir que precisamente por estar envueltos y comprometidos con la corrupción, niegan que lo están. Sin embargo, no parece ser, efectivamente, tan mecánico, pues hay que descifrar el síntoma de la aparente tranquilidad con que lo hacen, con alocuciones casi convincentes, por lo menos, algunas veces. ¿Qué hay en esta conducta osada, que encubre el cinismo con la que se la efectúa? Ante esta problemática planteada de este modo, es menester comprender el funcionamiento de esta maquinaria gris, clandestina, de la corrupción.

Máquinas de corrupción

Partiendo de lo escrito en El lado oscuro del poder, sugerimos la figura de máquinas de corrupción, para avanzar en el análisis del diagrama de la corrosión institucional y de la corrupción. Al hablar de máquinas de la corrupción, nos referirnos al contexto de la fenomenología de la decadencia, que contiene procesos degradantes; uno de ellos, sugerimos, es precisamente la corrupción. Parece que funcionan paralelas a las máquinas de poder institucionalizadas y a las máquinas de guerra. Ocurre como si a las máquinas de poder y a lasmáquinas de guerra les faltara un complemento, que vienen a ser precisamente las máquinas de corrupción. ¿Por qué requieren de este complemento?

Sin detallar, pues escribimos sobre esto, el funcionamiento de las máquinas de poder, diremos, sucintamente, que son máquinas de dominaciones polimorfas. Los diagramas de poder institucionales no son del todo suficientes para garantizar la reproducción del poder; si bien, constituyen sujetos dóciles, disciplinados y controlados, el sujeto constituido no abarca el espesor del sí mismo, cuya potencia se encuentra en la creatividad del cuerpo.  El poder requiere avanzar e invadir estos espesores no capturados. Cómo no puede hacerlo, pues no conoce cómo funciona el cuerpo, en el sentido de la fenomenología de la percepción, en el sentido de los saberes no evocativos corporales, entonces recurre a lo que podríamos considerar, por el momento, su método de emergencia, provisional, el soborno, el chantaje, la coerción, el cohecho. Lo que parece acontecer es que no avanza nada en lo que respecta a estos espesores,sino que deforma a los sujetos constituidos institucionalmente, adulterando su estructura ética y moral, convirtiéndolos en oportunistas pragmáticos. 

En lo que respecta a las máquinas de guerra, también de manera sucinta, diremos que son las máquinas destructivas, que no necesariamente se oponen a las máquinas de producción del sistema-mundo capitalista, sino que coadyuvan a la acumulación de capital, cuando entra en crisis cíclica. El capitalismo requiere destruir su stock que no se vende, para recomenzar el proceso de acumulación, en las condiciones esperadas, de ganancias incentivadoras. Las máquinas de guerra, en su armazón complejo, contienen la estrategia de la guerra psicológica; sin embargo, ni esta estrategia ni otras que tiene a mano parecen del todo suficientes, requiere cómplices en su tarea destructiva. Para lograr incorporar cómplices recurre al soborno.

Si bien no mencionamos todavía, en este texto, a las máquinas capitalistas, es porque consideramos que el sistema-mundo capitalistas, que es la complejidad singular integrada de las dominaciones a escala mundial, contiene y emplea estas máquinas, las del poder y las de guerra, para garantizar la continuidad de la acumulación de capital. Sin embargo, podemos definir a las empresas monopólicas, trasnacionales, como máquinas económicas, directamente vinculadas a la acumulación de capital. Ahora bien, estas máquinas económicas, también requieren como un complemento, en la realización del capital; por eso recurren al soborno, presupuestado en sus gastos, para contar con cómplices de las estrategias económicas de estas máquinas económicas.

En consecuencia, el diagrama de poder de la corrupción aparece como un complemento necesario en el complejo corporativo maquínico del sistema-mundo capitalista. Se puede deducir, en primera instancia, que para extirpar lo que la moral hipócrita del orden mundial llama mal es condición indispensable desmantelar el sistema-mundo capitalista. Otras opciones, de las que nos ofrece este orden mundial, son sencillamente procedimientos adormecedores y calmantes, mientras se continúa en el círculo vicioso de la corrupción, en sus distintas formas cambiantes. [2]


En consecuencia, volviendo a la interpretación, podemos concluir que el corrupto, la figura del corrupto, es como el contenido del engendro de discursos vinculados al diagrama de poder de la corrupción. Por otra parte corresponde al concepto jurídico que atraviesa los cuadros o, más bien, el mapa de los circuitos y prácticas de la corrupción. Lo visible de la corrupción aparece en los escándalos, que evidencian la existencia soterrada de estas prácticas. Lo opaco de la corrupción aparece en los rumores, como cuando se dice que cuando el río suena es porque piedras trae. Lo invisible de la corrupción pertenece al lado oculto del poder.


Los hechos recientes de corrupción

El caso Cerimedo ha puesto en escena el alcance de los desplazamientos del diagrama de la corrupción en el gobierno de Rodrigo Paz Pereira, además del alcance de la desmesura de la sumisión gubernamental, ya no a los Estados Unidos de Norteamérica, sino a MAGA, la estructura de poder mafiosa, supremacista, racista, colonialista y genocida que ha tomado el poder en el imperio del norte. Por otra parte, la reciente votación en la Asamblea Legislativa, que aprobó prácticamente la intervención y ocupación de MAGA contra el país, aboliendo la soberanía, convirtiendo al país en una colonia posmoderna del monarca bizarro, desapareciendo el Estado, el gobierno, el Congreso, el poder judicial, quedando anuladas las Fuerzas Armadas y la Policía, más bien convertidas en dispositivos de ocupación del imperialismo norteamericano, ha evidenciado la putrefacción del Congreso, cuyos diputados y senadores han sido comprados. Son parte de la entrega, sin precedentes, del país al saqueo de los recursos naturales, de la soberanía al ocupante, patentizando el alcance demoledor del diagrama de poder de la corrupción, que ha tomado el Estado, convirtiéndolo en una máscara de la intervención y ocupacion neocolonial de MAGA, la megaestructura mafiosa que arrastra a la sociedad estadounidense y al mundo al cataclismo apocalíptico. 

Lo vergonzoso y grotesco de lo ocurrido en el Congreso es que se lo ha hecho para liberar al agente-asesor del presidente, encarcelado en Chonchocoro, agente operador de la CIA y del MOSSAD para la guerra sucia. Los Congresistas que aprobaron la intervención norteamericana no tienen la mínima dignidad respecto de sí mismo, han perdido todos los escrúpulos, toda cordura, han ingresado al perfil de la decadencia bizarra. Se trata de hombres vacíos y sin atributos, deshumanizados, cosificados y ideologizados con la narrativa descuajeringada del conservadurismo recalcitrante, que nos recuerda al fascismo del siglo XX. Sólo que ahora aparecen en la versión postmoderna bizarra. Esta gente cierra los ojos ante la evidencia delincuencial y criminal de la clase Eipstein, pedófila, la clase de sus amos. Cierra los ojos ante el genocidio de Palestina y ahora del Libano. Cierra los ojos ante el bombardeo a una escuelas de niñas en Minab, Irán. Cierra los ojos ante el manejo bursátil de la guerra en el Levante por parte de la familia de Donald Trump. Cierra los ojos ante el historial sinuoso del Secretario de Estado, Marco Rubio. Cierra los ojos ante la catástrofe social desatada en Argentina por su ídolo Javier Milei,  un delirante charlatán, p'ajp'aku en aymara, que pretende manejar las teorías de Escuela de Viena, sin embargo solo conoce citas y hace lecturas de manual. Cierra los ojos ante el pasado oscuro de Abelardo de la Espriella, vinculado al narcotráfico, ahora presidente de Colombia, debido a la tecnología de  hackeo israelita. Cierra los ojos ante la trayectoria corrupta de Keiko Fujimori, ahora presenta del Perú debido al fraude montado mediante una combinacion perversa de hackeo electoral y de usos de enjambres de Bots. Por último, cierra los ojos ante las denuncias de corrupción contra el presidente Rodrigo Paz Pereira y sus entornos, fuera de constatarse haber entregado el mando del gobierno a su asesor-agente Fernando Cerimedo. A pesar de estos conglomerados de hechos de corrupción, delitos y crimenes, los parlamentarios de derecha hacen como si nada hubiera ocurrido, además se consideran, después de todo, decentes; éste es el disfraz. En defensa justificativa sacan a relucir las dos décadas de la forma de gubernamentalidad clientelar, se olvidan que son cuatro décadas del desenvolvimiento demoledor del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; primero con la coalición neoliberal, después con las gestiones neopopulistas. Señalan la corrupción neopopulista como si ellos no estuvieran ahora metidos en lo mismo, haciendo lo mismo, imponiendo despóticamente políticas inconstitucionales, vulnerando flagantemente la Constitución y desmantelando la democracia institucional.

La diferencia es que con su elocuente traición a la patria, al haber vendido el país por lentejas, los neoliberales retornados han sobrepasado a los neopopulistas en lo que respecta a la desmesura desbordante de la corrupción. Otro hecho grave es que se justifican diciendo que se trata de la lucha contra el narcotráfico como si ellos mismos no estuvieran comprometidos en el tráfico ilícito de narcóticos y estupefacientes, de una manera directa, como se hizo evidente con el encubrimiento del narcotrático y el cobro por narcovuelos por parte de Cerimedo, o de una manera indirecta, soslayando responsabilidades, incorporándose al narcotráfico al final de cuentas, permitiendo y dando lugar a las prácticas del lado oscuro del poder. Hacen de la vista gorda, como si la clase Eipstein, MAGA, no estuviera metida en la guerra de los cárteles. No entienden que, a estas alturas del partido, se constata que la lucha contra el narcotráfico es parte de la reproducción del narcotráfico. Un circulo vicioso. Esta conducta no es otra cosa que una enajenación, tienen que ver con lo que tocamos más arriba, en las características de la psicología de la corrupción. 





Notas

1. Notas a partir del glosario.

2. Raúl Prada Alcoreza: Consideraciones sobre el diagrama de poder de la corrupción. OIKOLOGÍAS. La Paz 2016.



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