El paso dado, cruzando el límite, el punto de inflexión, hacia la dictadura cipaya
El paso dado, cruzando el límite, el punto de inflexión, hacia la dictadura cipaya
Raúl Prada Alcorezara
Cuándo se da paso a la dictadura? ¿Cuándo se pierde la soberanía? ¿Dónde se encuentra el límite que se cruza? Son preguntas indispensables para hacer el análisis de determinados eventos y sucesos, que nos muestran precisamente el momento en el cual se cruza el límite.
Primero, cuando se rompe la división de poderes, es cuando deja de haber los contrapesos de la democracia del Estado de derecho.
Segundo, cuando el ejecutivo toma la decisión por sí sólo, descartando a los otros poderes del Estado. Es el momento cuando el ejecutivo asume el carácter de un Estado dictatorial. La anterioridad de esta inclinación y tendencia política, puede aparecer en hechos y decisiones precedentes, que tienen que ver, por ejemplo, con gobernar a partir de decretos, obviando a la Asamblea Legislativa, al Congreso. Sin embargo, de por si los decretos no convierten a un gobierno en dictadura, sino que anuncian un tipo de recorrido, que puede darse o no; se trata de una proyección posible.
Tercero, cuando se toman decisiones y se las ejecuta en función de la opción dada por la fuerza, la violencia de Estado.
Cuarto, cuando se pierde todo apego a los procedimientos, a la ley y a la Constitución.
Se pierde la soberanía cuando se incorpora un país al proyecto de intervención, de ocupación y de colonización, además con el objeto del saqueo de los recursos naturales. Ahora lo ha hecho el gobierno, incorporando el país, sin consultar, vulnerando la Constitución, al decantado Escudo de las Américas, que es una especie de segunda versión de la Operación Cóndor. Plan que corresponde a red secreta de terrorismo de Estado, intercambio de inteligencia coordinada, guerra sucia, prácticas truculentas perpetradas por las dictaduras militares de Sudamérica, a partir de noviembre de 1975, bajo la tutela de intervención de los Estados Unidos de Norteamérica.
El Escudo de las Américas retoma esta figura anacrónica de la “guerra contra el comunismo”, en plena guerra fría, ahora dado, repetido anacrónicamente, bajo el discurso de “guerra contra el narco-terrorismo”. Discurso elaborado por los “halcones”, los señores de la guerra y el capital de la híperpotencia hipertrofiada en decadencia. Discurso repetitivo por los gobiernos cipayos de Latinoamérica, entre ellos el gobierno de Bolivia.
La contradicción salta a la vista. No se lucha contra el narcotráfico, la DEA y la CIA nunca lo han hecho. La estrategia es otra, contener, controlar, participar y desviar el beneficio del excedente de la parte maldita, del excedente perverso, al centro de captación de recursos malditos, que es precisamente el imperio del norte. De la misma manera que antes la Operación Cóndor no era otra cosa que una guerra contra los pueblos, que se sublevaban contra las dictaduras militares sanguinarias, ahora se trata de otra guerra contra los pueblos, que se movilizan contra el ajuste estructural neoliberal.
Todo esto se ratifica anecdóticamente cuando el Canciller le hace recuerdo al Ministro de Gobierno de que no se olvide de algo acordado. Esto acordado e impuesto por los amos dr MAGA es la amenaza: “O están con nosotros y son los buenos o no están con nosotros y son los malos. En el primes caso no les hacemos nada, en el segundo caso los vamos a eliminar”. Aunque no sea literal lo que dijo el Ministro de Gobierno, este es el sentido.
En otras palabras, hemos vuelto a la época, haciendo referencia a la novela de “Cien años de soledad”, a los Estados de los países bananeros. Cuando estos Estados estaban completamente subordinados al dominio inmediato y directo de las trasnacionales y de las estructuras de poder del imperialismo norteamericano. Ahora lo hacen, sintomáticamente, personajes timoratos, sin carácter, presidentes sin mando efectivo, a pesar de los montajes mediáticos que se hacen esforzadamente, que recurren a agentes-asesores para que hagan de operadores y tomen decisiones sobre sus propios gabinetes. En este caso, la intervención y la subordinación no solamente es directa, sino íntima.
Hay otra diferencia que hay que anotar, no se trata del mismo imperialismo de la época de la guerra fría, ni del periodo de la Operación Cóndor, si no se trata de una estructura de poder perversa, incrustada en el Estado nación de los Estados Unidos de Norteamérica. Una especie de golpe de Estado, que ha usado hackeo cibernético, enjambre de Bots, redes virtuales, proliferación de desinformación y falsas noticias, para acceder al poder. Ya se lo ha intentado antes con el asalto al Congreso, desconociendo las elecciones que dieron triunfo al partido opuesto, en este caso al partido demócrata. La diferencia es sintomática, porque ahora se aplica la mano dura también, sobretodo dentro de la propia nación afectada por la propia estructura del imperialismo anacrónico, que es el propio país que cobija al imperialismo anacrónico. Por otra parte, asistimos a estas operaciones locales que tienen como objetivo borrar las pruebas del caso Cerimedo, agente operativo de la CIA y del MOSSAD, para ejecutar operaciones sucias. Asistimos a estas operaciones que han cruzado la línea, que han convertido al gobierno circunstancial en un gobierno dictatorial, en una situación de crisis profunda, en la que se encuentra el Estado y la sociedad estadounidense norteamericana, empujada al borde de una guerra civil. En una coyuntura que anuncia la caída del régimen MAGA. Justo en este momento de derrumbe y desmoronamiento de la ofensiva supremacista, tanto en Estados Unidos como en el mundo, el gobierno cipayo de Bolivia decide, entregarse al diablo en cuerpo y alma. Estas diferencias que anotamos son importantes para comprender o vislumbrar las claves de la coyuntura.
¿Cuáles son las claves de la coyuntura? estamos en una coyuntura mundial, donde la hiperpotencia hipertrofiada pierde la guerra en el medio oriente. En esta coyuntura mundial y en la coyuntura nacional contenida, se tiene un gobierno circunstancial que ha nacido con su propia crisis congénita, por su propia provisionalidad, por haber ocupado el vacío político como cualquiera lo hubiera hecho. Un gobierno sin imaginación, sin horizontes, ni perspectivas en constante improvisación, con hombres sin atributos, funcionarios débiles y timoratos, hacen lo único que pueden hacer, imitar el discurso del amo en decadencia, repetir el formato de terrorismo de Estado , sus montajes desgastados, además de copiar o ser inducido a hacerlo, las estrategias de las violencias de la ocupación neocolonial. Esto se lo efectúa conllevando una debilidad implícita, de tal forma que está destinado al fracaso. Esto ocurre tanto a nivel mundial así como a nivel nacional.
La estrategia de los hombres de MAGA, que fungen de diplomáticos, que son en realidad interventores, han optado por los pequeños golpes en distintos puntos del aparato estatal. Tomar la policía con coroneles, ocupar la cúpula del ejército con nombrados a dedo. Ahora hacer un golpe contra el poder judicial, descabezándolo, para imponer a sus propios hombres fantoches. Además, lo que se ha evidenciado, de recurrir a la conocida compra de parlamentarios y dirigentes con recursos extraordinarios, induciendo en las decisiones del Congreso. Seguramente también tienen planeado hacer otros golpes contra la sociedad civil, en determinados puntos, apresamiento de dirigentes de organizaciones sociales, bajo la excusa de terrorismo o narcoterrorismo, montajes con pruebas plantadas para agarrar gente, incluso llegar al extremo de raptos que pueden llegar a desapariciones, que efectúen servicios secretos con apoyo policial o militar, de una manera oscura, llegando incluso a a culpar a otros de sus propios crímenes.
¿Qué clase de coyuntura es ésta? Se trata de una coyuntura en pleno crepúsculo del sistema mundo moderno, en pleno desmoronamiento y clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, en plena destrucción institucional del Estado, que fue híperpotencia durante un periodo, después de la Segunda Guerra Mundial. Panorama internacional que se repite en lo regional, nacional y lo local. En Bolivia se tiene un gobierno en pleno desbarajuste, arrinconado por sus propias galopantes corrupciones, incursiones en el mismo narcotráfico, contrabando de oro, movimientos opaco de ingentes cantidades de dinero ilícito, tráficos variados, acompañados de negociados, además de llegadas de maletas insólitas, saltando los controles aduaneros. Un gobierno de entrada ilegítimo, porque de entrada se separó del cumplimiento de la Constitución, además de demostrar fehacientemente el incumplimiento de sus promesas políticas. Lo que lo vuelve un gobierno tramposo, que engatusó al pueblo, sobre todo a sus votantes con otro perfil, o como se dice popularmente con la piel de oveja, para mostrar sus colmillos una vez que llega al gobierno, descubriendo su verdadero perfil descompuesto.
Se trata de una coyuntura donde persiste el derrumbe del Estado, que por cierto, ya empezó a darse durante las versiones de la forma de gubernamental al clientelar. ¿Qué sentido tiene la coyuntura aciaga que se padece? Se trata de un gobierno que continúa el derrumbe anunciado del Estado. Las frases trilladas de “salvar a Bolivia” de “que ésta es una gran oportunidad de luchar contra el narcotráfico”, no hace más que mostrar que el derrumbe continuó su curso, a pesar de la retórica repetitiva y nada convincente, dados los hechos desatados.
El estruendoso operativo de los coroneles de policía, al mando de la DEA, con el apresamiento del Fiscal General y de algunos Fiscales Departamentales, fuera de otras personas implicadas, es una corroboración patente de lo que decimos. Ya somos un país intervenido, un país ocupado, un Estado desaparecido, que sólo tiene la fachada, cuando el mando efectivo y el contenido de gobierno lo tiene la híperpotencia hipertrofia en decadencia. ¿Cuánto de todo esto es montaje? No lo sabemos. ¿Cuánto de esto es verídico? No lo sabemos. Lo que sí se sabía de antemano, y no por ellos, los gobernantes, los interventores, la policía cipaya, la comandancia del ejército cipaya, que el Estado no solamente estaba atravesado por el lado oscuro del poder, sino que ya lo ocupaba, ya se hizo cargo, era el núcleo operativo de la estructura dominante, en tanto que la fachada estatal se convirtió en una máscara.
En esto de la determinación del lado oscuro del poder, participan ambos bandos, por así decirlo los “buenos” y los “malos”. Los cárteles vinculados al control de los servicios de inteligencia y secretos de los Estados Unidos de Norteamérica y los cárteles no controlados por estas estructuras de poder. No se trata pues de la lucha contra el narcotráfico, sino de la guerra de cárteles. El pueblo se encuentra en el medio de esta guerra, padeciendo la guerra por el control territorial, los recorridos, los mercados, las rutas y los flujos de los narcóticos y de los estupefacientes. La diferencia con periodos anteriores es que ahora se lo hace de una manera de descarnada. Lo dice el presidente bizarro de la híperpotencia y lo hacen los gobernantes cipayos de las neocolonias, recuperadas por la ofensiva de la derecha internacional y su proyecto de reconquista, recolonización y de exterminio de los pueblos y sociedades.
Sí, trata de una fiesta de los saltimbanquis, en pleno naufragio del Titanic trasatlántico del poder del orden mundial de las dominaciones, donde falta el estilo patético, aunque romántico de la despedida de una sinfonía, que toque en pleno desastre. En el derrumbe político y económico del régimen MAGA y de sus gobiernos cipayos no hay estilo, hay bochorno, hay comedia grotesca, hay enfermedad senil, por un lado, y la enfermedad del eterno adolescente, con pretensiones de grandeza, forzando mediáticas presentaciones, que no dicen nada.
¿Cuál es la responsabilidad del pueblo ante esta decadencia? Recuperar la memoria de sus luchas, recuperar sus organizaciones de las herencias de las formas de gobernar, mentalidad clientelar, liberar la potencia social para volver a recorrer el camino de las múltiples liberaciones.
Comentarios
Publicar un comentario