El presente a partir de figuraciones históricas

El presente a partir de las figuraciones históricas

Raúl Prada Alcoreza



La historia no se repite, es cierto, ni siquiera como lo dice Karl Marx, una vez como tragedia y otra como farsa o comedia, sino que en la historia se preserva, por una parte, la memoria social, por otra parte, se mantiene el substrato, que tienen que ver con el conglomerado de hechos, que vuelven a componerse, después de haber pasado y darse de una determinada manera. La recomposición de los hechos pasados vuelve a darse de otra manera. Llamemos, provisonalmente, figuraciones y configuraciones históricas, que no solamente se dan en la narrativa, sino que aparecen y reaparecen fácticamente, cuando se dan analogías y diferencias. 

En la medida que no se ha meditado sobre lo ocurrido, que llamamos pasado, en la medida que no se ha hecho un reflexión critica, más aún, un análisis autocrítico, entonces las consecuencias son funestas, se vuelven no solamente a repetir los errores, sino también vuelven a aparece figuraciones y composiciones análogas, que nuevamente llevan al fracaso. 

Como hemos dicho muchas veces, los pueblos no son enemigos, los que inventan las guerras son los Estados nación, los que empujan a la conflagración bélica son las clases dominantes, en la modernidad, las burguesías. La guerra del Pacifico fue impulsada por la burguesía momia chilena, que comenzó la guerra contra la nación mapuche, antes de ocupar los puertos bolivianos, enfrentarse en guerra desata contra el Estado boliviano y el Estado chileno. La guerra del pacifico fue una guerra entre tres burguesías liberales, disputaban quién iba a ser la intermediara con el imperialismo británico, transfiriendo recursos naturales, sobre todo minerales, además del salitre y el guano para la agricultura, una vez que se dio la revolución industrial. 

Lo que llama la atención son los comportamientos estatales, gubernamentales y militares en la guerra. Si bien hubo actos heroicos, arronjamiento en los ejércitos, en otros casos hubo conducta manifiestamente cobarde y traidora, sobre todo de los altos funcionarios de Estado. Destaca en esto el caso de la batalla de Camarones, aunque no fue el único. A pesar del arronjamiento de los combatientes, abandonados a su suerte, la guerra la perdieron el Estado boliviano y el Estado peruano, que se apresuraron a firmar tratos de paz, entregando territorios. Sobre todo llama la atención la premura de los gobernantes liberales bolivianos, que firmaron el Tratado de 1904, entregando el Atacama por un ferrocarril.

En la contemporaneidad, han vuelto a aparecer figuraciones análogas, cuando se da lugar lo que llamamos la tercera derrota de la guerra de Pacífico, aunque también hay una cuarta derrota, con el tema del Silala, teniendo como primera derrota la derrota militar, siendo la firma del Tratado de 1904 la segunda derrota. La tercera derrota acontece con el veredicto de La Haya, la Corte Internacional. Incluso podríamos hablar de una quinta derrota con la conducta pusilánime, entreguista y cipaya del gobierno circunstancial de Rodrigo Paz Pereira.


Las figuraciones de una guerra perdida 

La Batalla de Camarones, conocida en la historia militar como la Contramarcha de Camarones, aconteció entre el 14 y el 16 de noviembre de 1879, durante la guerra del Pacífico. Después del desembarco chileno en Pisagua el 2 de noviembre de 1879, el ejército peruano, al mando del general Juan Buendía, esperaba en el sur, Tarapacá, mientras que el presidente boliviano, el general Hilarión Daza, debía marchar desde Tacna y Arica con unos 2,000 a 3,000 soldados bolivianos para unirse a ellos y contraatacar. Daza inició la marcha el 11 de noviembre de 1879. Las tropas avanzaron en condiciones difíciles por el desierto; de acuerdo con los registros, muchos soldados llevaban vino o aguardiente en lugar de agua, lo que provocó fatiga, descontento y deserciones. El 14 de noviembre, al llegar al valle de Camarones, Daza convocó a un consejo de guerra y telegrafió al Director Supremo de la Guerra, el presidente peruano Mariano Ignacio Prado, indicando que el desierto abrumaba y que el ejército se negaba a continuar por falta de víveres y apoyo de artillería. El 16 de noviembre, Daza ordenó dar media vuelta y regresar con sus tropas hacia Arica. La decisión dejó a las fuerzas peruanas de Juan Buendía completamente aisladas. Pocos días después, el ejército peruano sufrió una dura derrota en la Batalla de Dolores, San Francisco, el 19 de noviembre de 1879. 

En el Perú y en la propia Bolivia, la contramarcha fue duramente catalogada como un acto de cobardía o traición que quebró la confianza de la alianza. Daza fue depuesto poco después mediante un golpe de Estado en Bolivia.

Después de ordenar la retirada de Camarones, el destino político y personal del presidente boliviano dio un giro radical. Se dio lugar su derrocamiento inmediato. Al regresar a Arica, el descontento entre sus propios oficiales y la indignación generalizada estallaron. El 28 de diciembre de 1879, apenas un mes después de la contramarcha, Hilarión Daza fue depuesto de la presidencia mediante un golpe de Estado liderado por sus jefes militares. Fue reemplazado por el general Narciso Campero. Destituido y repudiado tanto en Bolivia como en el Perú, Daza se exilió en Francia, llevándose consigo una profunda marca de desprestigio histórico. 
Catorce años después, ya terminada la guerra, Daza decidió regresar a Bolivia para defenderse de las acusaciones de traición ante el Congreso. Sin embargo, el 27 de febrero de 1894, poco después de cruzar la frontera y llegar a la estación de Uyuni, fue asesinado a tiros por la guardia que lo custodiaba. Los motivos exactos y los autores intelectuales de su muerte siguen siendo objeto de debate histórico. 
La contramarcha de Camarones condicionó de forma directa el desenlace de la Batalla de Dolores el 19 de noviembre de 1879. Ocasionó la pérdida del factor sorpresa e imposibilitó el movimiento de tenaza. El plan aliado original consistía en una estrategia de pinzas; el ejército peruano de Juan Buendía atacaría desde el sur, mientras Daza caería sobre los chilenos desde el norte. Al retirarse las tropas bolivianas, el mando chileno, liderado por el coronel Emilio Sotomayor, se enteró rápidamente de que su retaguardia estaba segura y pudo concentrar toda su atención y fuego en un solo frente.
Se dio lugar la desmoralización total. El ejército aliado que avanzaba desde Tarapacá supo en pleno desierto que el refuerzo boliviano no llegaría. Esto provocó un golpe devastador en la moral de los soldados peruanos y los pocos contingentes bolivianos que ya integraban el ejército del sur. Se produjo caos en el campo de batalla. Durante el enfrentamiento en el cerro San Francisco, Dolores, el ataque aliado careció de coordinación. La artillería chilena repelió con éxito los asaltos de la infantería aliada. El combate terminó en una retirada caótica e imprevista de las fuerzas peruanas y bolivianas. Con estos resultados catastróficos el desenlace fue fatal, la pérdida de Tarapacá. La derrota en Dolores entregó a Chile el control absoluto de la rica provincia salitrera de Tarapacá, privando al Perú de su principal fuente de recursos económicos para financiar la defensa del país.
Apenas ocho días después del desastre de Dolores, las fuerzas peruanas en retirada se concentraron en la aldea de Tarapacá. Aunque estaban fatigadas, sin apenas municiones y en inferioridad logística, lograron una sorpresiva e histórica victoria táctica sobre las tropas chilenas. Se produjó el ataque chileno. Una división chilena al mando del coronel Luis Arteaga atacó el campamento peruano creyendo que el enemigo estaba completamente desmoralizado y en desbandada. En cambio se encontró con la firme reacción peruana, comandados por jefes como Juan Buendía, Andrés Avelino Cáceres, Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte. Los soldados peruanos se reorganizaron rápidamente y contraatacaron escalando los cerros que rodeaban el pueblo.
Después horas de feroz combate, bajo el sol del desierto, el ejército peruano envolvió y derrotó a las fuerzas chilenas, capturando su estandarte del Regimiento 2.º de Línea y gran cantidad de armamento. Sin embargo, a pesar de este triunfo en el campo de batalla, los peruanos no tenían suministros ni refuerzos para sostener la posición. Esa misma noche tuvieron que abandonar Tarapacá y marchar a pie hacia Arica, dejando la provincia definitivamente en manos chilenas.
El Batallón Alianza 1.º de Línea, conocido popularmente como los Colorados de Bolivia, era la unidad de infantería de élite del ejército boliviano. Llevaban ese nombre por sus emblemáticas chaquetas rojas y eran famosos por su disciplina y destreza en el combate. Los Colorados no formaron parte de la contramarcha de Hilarión Daza. Ellos se encontraban desplegados en el frente sur junto al ejército peruano desde el inicio de la campaña de Tarapacá.
Su participación más legendaria ocurrió en la Batalla del Alto de la Alianza, también conocida como Batalla de Tacna. En este enfrentamiento masivo, los Colorados recibieron la orden de cargar a la bayoneta contra las líneas chilenas en un momento crítico. Al grito de "¡Temblad, rotos, que aquí entran los Colorados de Bolivia!", el batallón rompió el flanco izquierdo chileno y obligó a retroceder a regimientos enteros. Debido a la enorme superioridad numérica y la superior artillería del ejército chileno, los Colorados quedaron aislados y sin municiones. Se negaron a retirarse y combatieron casi hasta el último hombre en su posición. Su masiva cuota de bajas diezmó al batallón, pero los inmortalizó en la historia boliviana como símbolo máximo de valentía y patriotismo.

El supuesto "pragmatismo" de los serviles y apátridas
A propósito de la figura de los apátridas, entre éstas ha aparecido el estilo cínico de los que hablan de "pragmátismo", incluso llegan a atreverse a decir que recordar la guerra del Pacifico en la escuela es atormentar a los escolares. Esto notoriamente es infame. Se hace una oda a la llegada de José Antonio Kast y al recibimiento de Rodrigo Paz Pereira, calificándola de de actitud "pragmática", es decir de "realismo político", incluso llegando a exclamar que hay nuevos aires en las relaciones entre el Estado Boliviano y el Estado Chileno. Esta retórica pusilánime, a la vez acomplejada, hace lo mismo que antes, evidenciar su cobardía. 
Como dijimos, los pueblos no son enemigos, los Estados son los enemigos de los pueblos. Los pueblos unidos deben hacer frente a la arremetida de la derecha internacional, coligada en el Escudo de las Américas, la segunda versión de la Operación Cóndor, correspondiente a las dictaduras militares, que acepta el geneocidio y el exterminio de los pueblos, el saqueo demoledor de los recursos naturales, la desaparición de las soberanías, entregando sus órganos como eunucos al monarca bizarro del imperio decadente del norte.
La inaudita repetición de lo mismo: la conducta sumisa y servil del colaboracionista 
¿Giro pragmático? ¿De qué hablan? El pragmatismo tiene que ver con el sentido que le da la gente al uso del lenguaje, este es la escuela pragmática de la lingüística. El sentido común usa el sentido de pragmatismo más vinculado al sinónimo de realismo. ¿Pero qué es el realismo? El realismo es una tendencia filosófica, estética y artística que busca representar la realidad de forma objetiva, veraz y sin idealizaciones. No hay pragmatismo en una conducta abiertamente cipaya, es es decir, de colaboracionismo. Tampoco se puede hablar de pragmatismo cuando se trata de la repetición inaudita de una conducta cobarde, que no combatió como es debido para defender el Atacama, saliendo al año de la guerra, y dejando al ejército peruano pelear por dos años más, que eran los aliados que se metieron a la guerra por un compromiso con Bolivia. Se abandonó a los combatientes de Camarones. No es pragmatismo haber firmado el tratado de 1904 que entrega el Atacama por un ferrocarril, esto es un desprecio y un desapego al territorio del país. No es pragmatismo entregar el litio y los recursos naturales a la explotación salvaje de un imperialismo anacrónico en decadencia. No es pragmatismo incumplir con la Constitución en lo que respecta a la demanda marítima y buscar establecer relaciones diplomáticas con el Estado transandino, justo cuando tiene como presidente a un fascista que, a su vez, entrega Chile a la clase Eipstein de MAGA, que destruye incluso los Estados Unidos de Norteamérica, colocando al país al borde de una guerra civil.

Cuando se usa el termino “pragmatismo” de esa manera para encubrir el comportamiento cobarde, la conducta cipaya, la inclinación a la conciencia esclava, al perfil del sujeto derrotado de antemano, no se hace otra cosa que evidenciar el servilismo extremo, difundiendo, apreciaciones insustentables para apoyar el saqueo de Bolivia. Se es agente de las fuerzas de ocupación y de la fuerzas de la burguesía gamonal, que han gobernado durante dos siglos la República ilusoria, dejando en el país cementerios mineros, huecos vaciados de los hidrocarburos y sobre todo miseria extendida en el pueblo, que es propietario de los recursos naturales, de acuerdo a la Constitución.


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