Espectros de amos derrotados y muertos Sebastiano Mónada Sólo les queda la violencia, la violencia descarnada, la grosera violencia, despabilándose del sueño, convirtiendo la realidad en pesadilla. Se han sacado todas sus máscaras, todos sus disfraces de fiestas fastuosas. Ahora se muestran desnudos, exhibiendo sus carnes avejentadas, largamente deprimidas. Son sólo violencia. Tan solo eso. La banalidad del mal. Parte del mundo atónito queda adormecido. Otra parte mundana se opone. Otra parte mundana, más pequeña, aplaude, la proliferante violencia descarada. La presentan apoteósicos como "liberación", sin inmutarse de lo que dicen, sin sonrojarse de su contradicción. ¿Liberación de qué? ¿Por qué llamar así a la violencia sin tapujos? Es la catarsis de su propia convulsión interna. Es la manifestación de su propia putrefacción espantosa. Hace tiempo que dejaron de ser humanos. No son ni poco ni demasiado. Son la inhumanidad...
El modelo neoliberal restaurado: saquear, exterminar, colonizar Raúl Prada Alcoreza Hay que reflexionar sobre estrategias y procedimientos del poder y de las dominaciones, que tienen como desenlace la conquista, el saqueo y la colonización, que traen a colación el exterminio, es decir, el genocidio, sin olvidar al ecocidio. La excusa para que esto haya acaecido, vamos a decirlo de esa manera, tan general, que hemos discutido siempre, es la “defensa del Occidente”, de la historia y cultura occidental, que, además, no es exactamente occidental, desde el punto de vista geográfico, puesto que el occidente está en el continente de Abya Ayala. Entonces la colonización, el saqueo y el exterminio son consecuencia, supuestamente civilizatoria de la conquista y la colonización del continente, que se llamó el Nuevo Mundo. En Derrames II [1] , Gilles Deleuze expone sobre las formas de los aparatos de captura, entre el...
La “Gringa” sumergida en el instante Sebastiano mónada La luz captó tu imagen. Fragante, danzando en el aire. Tú eres esa luz retenida por la cámara. Apareces con tu rostro claro, tu mirada risueña, tu sonrisa que seduce al cosmos. Tus cabellos en cascadas caen sobre tus hombros delgados. Tus orejas sostienen los cabellos inmaculados, conduciendo a la gravedad de los sueños la ondeante experiencia de tus años. Tu frente amplia, iluminada por flujos solares, empujados por palpitaciones compulsivas y respiraciones del astro, núcleo de los planetas. Tu cuello largo se expone a la mirada hermenéutica de mis ojos memoriosos de gorrión y en manifiésta melancolía. Nuestra hija pequeña mira sorprendida, después de bañarse, preguntándose sobre el acontecimiento, sin hallar respuesta todavía. Detrás, un jardín, al fondo, hace hincapié en la presencia luminosa de tu rostro. Resalta la inmanencia cobijada por la armonía corporal. ...
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