Después de la nevada

Después de la nevada 

Sebastiano Mónada 







La nieve se precipitó de las vaporosas nubes congeladas,

cayendo despacio en fragmentos geométricos,

composición de las fuerzas fundamentales del universo,

cambiando el color del paisaje cromático

dejándolo blanco, investido para la festividad

de la consagración de la primavera anunciada.


Los copos de nieve se acumularon en las montañas

cubriéndolas de mantos albos, tejidos por las nubes.

Hiladoras de textiles de bayeta de la tierra,

hecha de lana de oveja que pasta en la puna.


Artesanas nubes de etéreos sueños otoñales,

que con su técnica atmosférica inmemorial

han convirtiendo sus cargas anhelantes en pensamientos 

descifrados por la hermenéutica heredada de textos sagrados.


Enunciados estratificados por la mirada y la voz,

convertidos en poemas y cantos del sacrificio celestial,

que entregó su cuerpo a la metamorfosis material 

del agua en sus diferentes formas mutantes.


La bóveda celeste se vació de nubes dejando 

solo el recuerdo de una huella indeleble.

Diseminado mensaje de una despedida,

caricia de fuerzas transformadas en desenlaces 

de la trama repetida de la era glaciar.


Debajo del acontecimiento climático, la apacheta terrestre,

librada de la tormenta, se entrega de lleno a la ceremonia solar.

En el borde urbano, dispersas edificaciones asombradas,

inmovilizadas por su peso, sólo intentan comprender lo ocurrido.


Algunos árboles moviendo sus ramajes saludan al día,

que inicia su recorrido alumbrado en el tiempo radiante.

Modernidad vertiginosa donde todo lo sólido se desvanece

en el aire turbulento del fetichismo mercantil e industrial.


Más abajo se abren las quebradas, que buscan su descanso,

después del largo trajín geológico de la noche sin tiempo,

en el valle donde proliferaron antaño las lagunas 

donde moran ahora los ciudadanos de la polis paceña.


Un bosque de eucaliptos evoca los tiempos del campo desaparecido.

Sustituido ahora por el tráfago de rutinas urbanas,

de transportes humanos, de tambos de frutas, de ferias de verduras, 

de mercados de carne, de tiendas de abarrotes, de mercachifles de abalorios.


La nieve se irá derritiendo, licuada por el caluroso celo solar,

el manto albino se retirará de las cumbres de la cordillera,

el paisaje volverá a su aventura pictórica de cuadros panorámicos,

los ojos capturadores de imágenes se olvidaran del acontecimiento.








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