Víspera de los combates

 

Víspera de los combates

Sebastiano Mónada

Este poema se ha publicado el 2016 en OIKOLOGÍAS. 



Guerrero 5

 

 

Fuego,

ritmo ondulante del desierto,

pulsaciones sostenidas por el corazón inquieto.

Sol y viento depositándose en piel conmovida.

Mirada desafiando al horizonte errabundo.

Vida y muerte sosteniendo cruenta batalla,

interminable.

Impulso vital.

Brotando, empujando, creando.

Inventando mundos a su paso apresurado.


Energía de ciclos turbulentos.

Órbitas distintas saltando en graderías.

Todo se aleja a pesar de los retornos.

Todo se aproxima a pesar de los alejamientos.

No se es el mismo, tampoco algo distinto.

Siempre en tránsito provisorio,

viajando a no se sabe dónde.

Viniendo del terruño de nostalgias.


Dispuesto.

Pegaso de guerra prolongada,

de revolución permanente,

abriendo horizontes nómadas.

Cuando los dioses desgarran el cosmos

en batallas atroces y destructivas,

entregando el cuerpo a su propio derroche,

a la experiencia intensa de la explosión volcánica.

Constelaciones de sensaciones densas y perspicaces,

buscando comprender si es posible la armonía

en vorágine voluptuosa de diseminaciones.


No hay sentido.

Solo danza seductora de cuerpos mutantes.

Ritmos curvos y melodiosos,

lanzando redes invisibles

a dioses desaparecidos

hace mucho tiempo,

tan lejano,

que sobrepasa al olvido.

Quedando enterrados en la amnesia astronómica.

Hermoso gesto.

Danza y cantos humanos prodigiosos,

atrapando en el remolino a la propia algarabía.

Seduciendo a la concavidad infinita del universo.

Inventando sentidos brotados de alientos embriagantes.

Significaciones emergentes de corta vida.

Congregando y desapareciendo en la nada.

Alegrías momentáneas profusas, fluidas como agua.


Importante

detener el instante en compulsión eterna

de pasión desatada.

Nómada sin fronteras ni normas.

Acoplamiento sintiendo roce en la piel tersa.

Secretos guardados en cueva de átomos excitados.

Roce de verbos materiales y ciclos de elementos extasiados.

Brisa viajera.

Prisa del agua.

Clima acogedor.

Presencia sólida.

Entornos acompañantes

de seres con quienes compartimos

esta congregación y diseminación de materia porosa.

Penetrada por energía oscura intangible.

Inagotable.


Afectivo espesor tejiendo entrelazamientos

de existencias diversas como constelaciones barrocas.

Habitantes de efluvios deseantes y hechiceros.

Organismos sorprendidos en creador torbellino,

apresurados por colmar ansiedad hambrienta.

Voracidad de cuerpos soñadores,

remontando extensión dibujada en desnudez despojada.

Percepción habitando la memoria acumulada.

Compartiendo excepcional ocasión

del viaje.

Un afuera y un adentro gemelos,

atravesados, el uno y el otro,

por propias irradiaciones somáticas destiladas.

Erotismo desenvuelto, sutil insinuación no descifrada.

Germinador de ensueños.


Camino,

bailando al ritmo de sinfonía emanada

de piel salada y cuerpos compulsivos.

Corteza rugosa de árboles somnolientos.

Superficie cristalina naciente de ríos turbulentos.

Energía brotada de encuentros inesperados.

Bucles migrantes, vida esparcida en fuga

estrepitosa.

Atmósfera calurosa de enlazamientos anudados.

Ciclos de vida y muerte.

Las humanidades se preguntan por el sentido.

No creen que no pueda haber el mismo,

repetido, homogéneo, perdurable.

Donde

todo tiene significado como sello indeleble.


Cada ente puesto en la extensión peregrina,

cada ente desaparecido en el transcurso dilatado,

cada ente está por aparecer de repente.

No saben

que el sentido no mueve la vida.

La vida se hace a sí misma,

en todas sus formas proliferantes.

Desde las partículas ínfimas agitadas

hasta las constelaciones inmensas agotadas.

Desde la pulsión por labrarse,

en el substrato matricial del cosmos,

hasta los innumerables facsímiles versátiles.

La vida no es concepto,

es creación.

Voy a la batalla

armado de arpegios,

producidos por combatientes muertos.

Armado de canciones convocantes,

brotadas en corazones soñadores.

Armado por la gramática somática de las multitudes.

Huella inscrita por lecturas sediciosas.

Armado de convicciones afincadas,

compartidas con los y las compañeras

de fuego.


Combatientes

curtidos por tenaz obstinación de las luchas retomadas.

Armados de amor y tropel de afectos,

por vulnerable condición humana,

por exuberante tierra imaginada.

Hogar entrañable de nómadas itinerantes.



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