Humanos demasiado humanos

 

Sebastiano Mónada



Este poema fue publicado en el año 2016 en OIKOLOGÍAS.  


 


 

 

Humanos demasiado humanos,

muy cerca de los bordes del mundo.

Roces imperceptibles de pieles,

conmovidas,

de perfiles de ellos mismos.

Bocetos inconclusos de pintura

renacentista.


Muy lejos de los espesores del mundo,

tejidos de ancestrales capas hondas.

Muy lejos de conmovedoras interioridades,

constelaciones de sensaciones

proliferantes.

 

Olvidaron de dónde vienen,

No saben a dónde van.

Perdidos en el laberinto

de metrópolis deslumbrantes

o en la encrucijada

de antinomias irresolubles.


Se refugian en caparazones

de neblina intermitente,

como cuando la Virgen le dice a Vicente Huidobro:

Mis miradas son un alambre en el horizonte

para el descanso de las golondrinas.

Donde ocultan sus temores

escondiendo tapados

en casas solariegas.

Tampoco pueden ver más allá

de las nubes frías

y difusas.

 

No recuerdan que son parientes

de animales y plantas.

La memoria sensible inaugural, 

remembranza del origen,

los empalma en la filigrana de la vida.


No sienten la fecunda placenta

habitada de palpitaciones titilantes.

Estrellas tímidas de la noche.

Pulsaciones territoriales del planeta.

 

Tampoco se reconocen entre ellos,

como si viniesen de universos distintos.

Creen en una enemistad originaria,

separándolos desde siempre

y enfrentándolos en guerra permanente.

Se asesinan como Caín a Abel

ante la mirada lacónica de Dios.

Crímenes de sangre proliferando

en sociedades desgarradas

y de consciencias culpables.

 

Se temen,

desconocidos monstruos.

Se odian,

conocidos semejantes.

Uno para el otro es el demonio

al que hay que aniquilar.

 

También hay los y las que aman,

danzan, cantan y juegan.

Redimen potencia creadora,

liberando pájaros de las jaulas.

Quieren acabar la guerra interminable,

condena fatal de la tragedia humana.

Conflagración sin Sur ni Norte

ni Este ni Oeste.

Se han roto los ejes cardinales,

hechos trizas. 

Espejos quebrados

en accidente augurado.

 

Sin orientación, 

el mundo rueda sin destino,

ni porvenir esperado.

No encuentra sentido

en esta compulsión de muerte.

Juego de ruleta rusa

en el eterno invierno

de la civilización moderna.


Fatalidad inherente,

tragedia escrita en el comienzo de los tiempos.

Volumen en perspectiva diseminado

de la frugal cultura-mundo,

en esta catarsis consumista.

Gula suicida,

hambre insatisfecha,

en estas ceremonias bizantinas

de representaciones heridas

de muerte.

Signos sociales a descifrar,

distribuidos en clasificaciones provisorias.

Taxonomía pretenciosa,

botánica seca de jerarquías

inventadas.

 

Convirtiendo diligencias humanas

en actuaciones orientadas

a los demás espectadores.

Atentos y consumados.

Escondidos como coro griego

en la oscuridad espesa

del teatro de la crueldad.


Voladores mensajes simbólicos

para impresionar al público

de la élite de elegantes trajes.

Pasarela de desfiles militares

o en plataformas alumbradas

por ojos ávidos

de sueños incumplidos.

Buscan ser reconocidos como notables. 

Demandan ser vistos en pantallas,

donde exponen elocuentes

sus miserias humanas.

 

No son muchos, 

afectan, contaminan, depredan,

destruyen el planeta,

diseminan el mundo,

cuando pueden, 

también cuando no pueden.

Su presencia contagia,

hiriendo con su pestilencia

la atmósfera. 


Ciclos mutantes.

Metamorfosis de órbitas saltonas.

Transmiten mensajes afectivos

e iluministas.

Enciclopedistas atareados

o adolescentes buscando señales

y marcas en los jardines,

arrancando pétalos de flores

primaverales.

Arrojándolas al viento insomne.

 

Activistas heterodoxas,

rebeldes iconoclastas,

son críticas y alegres,

herederas de reflexiones intempestivas.

Cuando hablan se entregan

de cuerpo entero 

a concavidades de las palabras.

Cuevas mágicas

donde se guardan memorias

enmohecidas.

Dejando estos carruajes sonoros

transporten sus corazones

soñadores

y sus órganos intensos.

Mariposas de colores.

 

Son pocos pero son,

como heraldos negros.

Demuelen prejuicios

con martillos nietzscheanos.

Desmienten verdades,

mostrando hechos registrados.

Diluyen mitos

con percepciones corporales.

Existencias indomables.

Destruyen doctrinas

y sustanciales creencias

con minuciosidad estética.

 

Jóvenes rebeldes,

destructores de imperios.

no siempre son escuchados.

los tratan como si fueran mudos.

No son atendidos,

como si fueran fantasmas.


Mucho menos son entendidos,

como si fueran locos.

Las más de las veces son arrinconados.

Proscritos a las sombras

de la penumbra de los márgenes.

Exilados.

Señalados como conjurados

por convocatoria de Prometeo,

titán rebelde donador del fuego,

o como despistados,

perdidos en el laberinto de soledad.

Ignorándolos.

Desterrados en su propia tierra.

 

No saben los juzgadores y gobernantes,

la tierra no es cartografía de sus dominios.

Castillos de naipes españoles

y prados franceses artificiales.

No es teatro espectacular de alegorías,

gravadas en hojas con sello seco,

donde sus discursos redundantes

y desgastados

navegan a la deriva.


La Madre Tierra

no es granero de egos inflamados,

tristes zepelines globalizados.

Tampoco responde a las miserables pugnas

entre enemigos cómplices

de lo mismo.

Concurrencia por dominación

deseada,

por el trono del simulacro simbólico

de gubernamentalidad romana.


Mucho menos es el país imaginado, 

que gobiernan.

Al que donan sus esfuerzos 

y sacrificios.

Según versiones oficiales

de vernácula raigambre.

 

La nación genuina está en otra parte,

como novela de Milan Kundera.

En la sociedad alterativa.

Siguiendo los propios cursos del agua

y de los climas.

En los flujos de fuga nómadas.

Caballos arrojados al vértigo

de Altazor.

Ángel caído sin alas.

Llevando el paracaídas.

Dando sombra refrescante a planetas

en bullentes manifestaciones cotidianas

e inventivos desvíos imperceptibles.

en los espesores locales,

conectados por tejidos culturales,

con el mundo efectivo.

 

Los juegos de dominación proliferan

en palacios de lujo

o en quintas de mala muerte.

Mallas amarrando instituciones,

telarañas invisibles,

trampas fantasmagóricas.

Hacen de pequeños gobiernos

en celosos espacios estriados

de la avejentada sociedad civil.

 

En todas partes se juega al poder,

a las jerarquías de mármol

al prestigio formal,

a la emulación del saber

y de la ciencia.

Mimesis de carnaval.

Se cree en la repetición

del eterno retorno de la nada.

Se espera encontrar el secreto

de la celebridad

en apología clave de la continuidad

de lo cosechado hasta ahora

por diletante humanidad.

 

Se conforma el círculo vicioso

de encumbrada autoridad.

El chirriante Estado criticado

por intelectuales meticulosos,

relojeros suizos de los engranajes

de la argumentación racional.


El círculo corrompido

es reforzado con sus intervenciones críticas,

al convertir el iluminismo en antorcha apagada.

Al consideran la luz como imitación

de antiguos héroes de epopeya.

Disfrazándose de consagrados rebeldes

de manoseados panfletos.

 

Cuando el Estado es cuestionado

lo defienden como evidente realidad

o necesaria fatalidad,

que no se puede soslayar.

Cuando algún gobierno progresista

se parece a gobiernos conservadores,

analogía perversa de la proximidad

pululante,

argumentan que es por conspiración.

La serpiente de múltiples cabezas

que no deja gobernar.

 

Humanos demasiado humanos.

Hijos de la divinidad imaginada.

Creados para gobernar,

ungidos por la divina comedia,

predispuestos a la naturaleza dominar,

por suponerse hijos de la divinidad.

Consideran su derecho

en la Tierra enseñorear.

Escarbando en sus entrañas,

despojando subsuelos entumecidos.

Depredando espesores territoriales,

contaminando atmósferas vitales. 

Subsuelos dormidos,

soñando con la eternidad,

despertados por perforaciones técnicas,

implacables.

Obligados a nacer a la muerte.


Geología profanada,

de rizomáticas vetas minerales

y de yacimientos fósiles licuados,

caldo de saurios desaparecidos.

Devastando maravillosos bosques

entrelazados,

jardineros inescrupulosos limpiando el huerto

de tercas yerbas.


Carpinteros de ataúdes,

usando maderas muertas,

destroncadas.

Materia prima para atizar,

para industrializar sin límites.

Mercaderes compulsivos,

buscan comercializar 

todo lo que está al alcance de sus manos,

incluso lo que no está al alcance 

de sus largos dedos magos.


Empresarios del talón de hierro

y de la energía fósil,

perdidos en procesos acumulativos,

numerarios.

Donde sólo la contabilidad capitalista cuantifica.

Empresas de acumulación fantástica,

material usado en andamios de urbes

atosigadas.

Ampliando fronteras agrícolas,

espacios arados sin árboles.

Plantando alimentos transgénicos.

Distribuyendo semillas mulas

a colectividades campesinas

para hacerlas dependientes. 

 

Árboles,  

continentes de energía solar

hospitalarias y troncales.

Herencia de encomiables ciclos largos.

Flora convertida en mercancía rutinaria,

consumida en el momento provisional

de goce banal.

Despreciando el valor cualitativo

de la vida.

 

Veterano hombre depredador, 

viejo lobo de mar apagado,

oceano doméstico sin luna,

no sabes que estas destruyendo tu hogar.

Te quedaras sin bosques ni agua.

Te quedaras sólo

en tus páramos yermos.

Campos contaminados

por la desolación minera.

Te quedaras con tu orgullo

inflamado,

con tus ilusiones de progreso,

con tu evolución de pacotilla

en navegación sin rumbo.


Enemigos cómplices.

Los unos creyéndose paladines de la libertad.

Los otros creyéndose adalides de la justicia.

Ambos atornillados a los sillones del poder,

aposentados en los tronos

del desagüe.

Ambos funcionarios de Estado.

Senil burocracia milenaria.

Ambos dicen el fin justifica los medios,

falsos discípulos de Nicolás Maquiavelo,

a nombre de la libertad o la justicia

comenten crímenes demoledores.

 

Hombre pretendiendo ser superior

a animales y plantas.

Sus parientes.

Así llama a sus allegados vitales.

Vienen del mismo genoma inaugural.


No hablamos de la mujer,

reducida a la costilla de Adán,

a una parte del hombre

y a su servicio.

Hablamos del macho dominante,

sacerdote patriarcal.

Ha convertido la decantada fraternidad

en una constante pugna por sobresalir

a costa de los demás.

Hablamos de aquél prestigiador

de naipes helados.

Ha reducido el coraje

a constante agresión.

Cuando se esconde

en sus máscaras de mármol,

ocultando sus miedos y pavores.

Murciélagos ocultos en las cavernas,

donde no llega la luz de Platón.

En las grutas insondables

dando vueltas 

alrededor de sí mismo.

Wayronco desorientado en la noche,

agonizando en los focos de las luminarias. 

 

Humanos demasiado humanos.

Sin alcanzar al ideal

de la humanidad misma.

Quedándose a mitad del camino,

vislumbrando desde el lugar

el horizonte no alcanzado.

Sustituido por ficticio boceto,

dibujo de líneas imaginarias,

de la geografía espectral

de lo no alcanzado.

Ilusión de finalidad lograda,

el haber intentado

sin esfuerzo ni gasto heroico,

renunciando a sí mismo.

Sustituido por apariencia humana,

imitación en trama repetida,

desde el paradigma insólito de la civilización.

Mueca grotesca de arquetipo utópico.

Antifaz carnavalesco.


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