Nuestros jóvenes rebeldes

Nuestros jóvenes rebeldes

 

Sebastiano Mónada


 


Este poema se publicó el 2016 en Oikologías. Lo volvemos a publicar ahora, en un momento de necesaria convocatoria a los jóvenes.

 



 

Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.

Vicente Huidobro: Altazor

 

 

 

 

 

 

 

Las luces de la explosión inaugural navegan por sus ojos brillantes,

inventando paraísos como paisajes de plásticas sensaciones.

Transparentes como medusas voladoras alimentándose 

de suspiros y de sonrisas de flores.


Latidos del corazón transportando deseos de fugas.

Desbordes torrenciales lluvias de emociones,

avanzando como en danzas de parejas abrazadas.

Impulso irradiante de rebeliones carnales.


Subversiones gramáticas convocando a los sueños,

haciendo de semillas que se plantan en los surcos de la piel,

donde crecen ciudades escuchando el latido del sol y los planetas.

Ciudades donde se baila en rondas serpenteantes de alegorías,

contando sus recuerdos de países disueltos.

 

 

Encanto adolescente del sol y de la luna

convirtiendo sus rayos en árboles frutales,

que huelen como trenes cargados de ilusiones.

Ternuras de compactas confraternizaciones.

Inventora de formas de artesanal alfarería.

Convocatorias melódicas a abolir las máquinas del miedo,

sustituirlas por sinfónicas ecologías de emociones,

locomotoras atravesando cordilleras soñadoras.

 

 

La juventud cobija multitud de pasiones

desbordando las calles y la plazas,

rebalse de versos y poemas.

Levantando los brazos para abrazar las ánimos,

como quien cosecha amistades aguardadas.

 

 

Es el fragor del verano, despertando sensual,

la desnudez sincera del habla.

Cuando dice su horizontal afecto.

Mientras el gobierno aborrece de bandadas de aves

migrantes y cantoras, inventando poemas en el aire.


Buscando desviar su ruta musical

con represas de viento,

que producen, en vez de energía eléctrica,

corrientes de amenazas que apagan las luces,

de notas seductoras,

sustituyéndolas por leyes.

 

 

Tempranas rebeliones de las fibras y las venas,

marchas proletarias saliendo de las fábricas,

movilizaciones de mineros emergiendo de los socavones.

Explosiones de rosas de acuarela acuosa,

pinceles que pintan curvas risueñas.

 

Voces guerreras interpelando las costumbres obedientes

de los despachos, de los cuarteles, de las escuelas.

Concierto de truenos en tormentas de deseos

o estallidos de cables cruzándose como enredaderas.

Arronjados gestos rompiendo las columnas policiales.

Amores convertidos en columnas guerrilleras

o bloqueos de estudiantes en las avenidas,

interrumpidas en sus circulaciones comerciales.

 

 

Tus rebeliones inventan horizontes nómadas.

Constructoras de esferas conmocionadas por su retorno

eterno como capricho reflexivo de viejo sabio,

intentando sacar de su órbita al planeta agonizante.

 

 

Nuestra juventud rebelde,

heredera del arte hacedor,

es la esperanza de las ramas danzantes de los árboles,

de los sueños proletarios y de los pueblos,

de las mujeres que contienen otros mundos,

en sus flujos sanguíneos y las curvas de sus pensamientos.

Buscando en el libre juego de las cuerdas

composiciones que sorprenden al universo.

 

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