Jóvenes rebeldes heterodoxos iconoclastas

Jóvenes rebeldes heterodoxos iconoclastas

 

Sebastiano Mónada

 

Este poema se publico el 2016 en Oikologías. Lo volvemos a publicar dada la necesidad de la convocatoria a la defensa de la vida y del continente de Abya Yala. 

 

 

 

 

Guerreras en el crepúsculo que agoniza

de la civilización perdida en su petulancia.

Diseminada banalidad exuberante,

por el orbe triste, abandonado en su desolación.


Guerreros en la agonía del mundo fetichista,

que crepita en su fragmentación proliferante.

Disolución del régimen barroco de la contabilidad

minuciosa de las monedas manoseadas,

de la producción de la cantidad registrada

por la aritmética del vaciamiento.


Aman la vida en todas sus formas creadas,

inventivas en la genialidad estética,

del azar y la necesidad.

Conjugadas como amantes.

Enfrentadas en ardiente paradoja.

 

Adoran el paisaje dibujado

por los sueños olvidados de los niños.

Vencidos por el insomnio y el cansancio.


Madrugada humedecida

por el sudor de las niñas acaloradas,

pintada por pinceles impresionistas.

Mirada angustiada de Vincent van Gogh

Colores elocuentes en emociones 

y ondulantes vibraciones cuánticas.

Lenguaje vibrante de las cuerdas.

 

Pelean con toda la vitalidad de sus cuerpos,

con toda la potencia de sus órganos.

Como poemas de Cesar Vallejo,

en lluvia profética de París.

Intuyen subversión afectiva

en las memorias sedimentadas

de la vida desbordante e impetuosa. 

 

Jóvenes aposentados

en las calles adoquinadas.

Pobladas por marchas serpenteantes

de consignas de interpelación heterodoxa.


Narrando la gramática de la multitud

de la utopía incumplida.

Rebeldes conformados en cuerpos vitales,

por memorias sensibles inscritas

en las huellas de la confesión de la carne.


Partículas infinitesimales asociadas,

asambleas proletarias en su proliferación,

diálectica de la insurrecta sensibilidad,

transformada en pensamiento y en acción.


Semántica de afectos de explosiones inaugurales,

entregando infinitas energías

a la creación desbordante de la existencia,

en sus innumerables formas de ser y de la nada.

Son también incontables formas del no-ser

y del imposible todo desbordando sus límites.

 

Jóvenes rebeldes heterodoxos iconoclastas,

que heredaron un mundo aturdido

por el barullo de la conquista interminable.


Al fondo, en el entorno de la laguna melancólica,

una congregación de ranas asustadas

hace coro al enjambre de galaxias curvadas

alrededor de su agujero negro.


Se hacen evidente los absurdos reglamentos,

manifiestas sandeces habituales,

mundanidad hecha por generaciones pasadas,

buscando el enseñoramiento sobre la tierra.

Dejando a su paso la huella del desastre.


Solo encontraron el método de la violencia,

desatada sobre los cuerpos sensibles

de anthropos sorprendidos en su abandono,

vulnerable y desnudo.

Sobre cuerpos de otros parientes

no humanos,

llamados plantas y animales,

para distinguirlos en la taxonomía.

 

Este mundo desierto, sin agua,

ni recuerdos apegados,

no tiene por qué ser el suyo.


Ustedes actúan al compás de los ritmos

de pulsaciones del cosmos.

Danzando en pista incesante,

en la insondable oscuridad iluminada

por las ansias insubordinadas

de vibraciones cadenciosas

Exigen a las generaciones antecesoras

resuelvan los problemas desencadenados

por todas ellas en recorrido desorientado.

 

Cuando hablan, cantan y danzan,

cuando renuncian a baladas de sirena,

de esta sociedad ostentosa y estrafalaria,

abultada de abalorios inflamados

por la retórica desgastada,

evidencian a la vida creativa.

 

Guerreras y guerreros del alba,

del crepúsculo afligido

y la noche adormecida

en abismal concavidad gravitante,

al no bajar sus armas nunca,

en gesto valiente inalterable,

armas pasionales emanadas,

vahos cantores de la selva,

enraizada a los cuerpos seducidos,

conectados desde siempre

a las cuerdas compositoras de la materia,

hundida en la oscuridad inexorable 

o irradiada en la fugacidad de la luz.

 

 

Rebeldes heterodoxos iconoclastas,

en sus manos y miradas se encuentran

los cursos y recorridos venideros.

No dejaran hundirse a la humanidad

en lamentable decadencia.


Saben que esta hominización

no es más que forma inventada,

intrepidez del genoma inaugural,

en el asombrado planeta 

por su existencia a la deriva.

Tal el propósito depositado

en su vientre fecundo.

 

Juventud transgresora de expresión 

soñadora y utópica,

acústica barroca,

tocada en sonidos de guitarra criolla,

en nocturna fiesta gitana.

Me sorprende tu ímpetu atrevido,

desbordando normas y estructuras.

Tú fuerza fugitiva y entrega, 

gasto heroico, derroche sin retorno 

al instante eterno.

Intenso impulso vital creativo.


Despilfarro de amor, metamorfosis de la vida,

estallido afectuoso, circuito del don.

Sinfonía de cuerdas inspiradas

en el deseo del todo inaugural,

perdido en el origen olvidado, 

desde las ansias de la nada.

 

Son eso,

jóvenes heterodoxos iconoclastas.

Lo que siempre debería ser la humanidad,

Esperanza, invención, alteridad.

Ocupada de continuar en su singularidad,

fondo oculto de agujero negro,

la obra creativa de explosión inaugural.

 

Guerreras y guerreros nómadas,

desde los primeros pasos de humanidades

pioneras y audaces,

inician senderos, marcas hendidas,

en espesores de territorios enamorados.


Caminantes pies desnudos y callosos.

Poetas de trayectorias de aventura fraguada.

Armados de símbolos indescifrables

y alegorías tejidas por manos ágiles.

Conferidas a formas de la exterioridad

del mundo inventado por ojos ansiosos

y habitados por la curiosidad intrépida.


Habitados por mitos del origen del cosmos

y de los ciclos del fuego,

donado por el jaguar brillante,

fuego de lo profundo de la selva,

luciérnaga felina merodeando en la noche.


Mito de la Amazonia frondosa,

espesa en la fragancia acumulada.

Desmedida voluptuosidad sin normas.

Orígenes de la caza envolvente

y la recolección gratificante.

Acompañada por la agricultura sedentaria.


Armados por consonancias afectivas

de corazones percutores,

tambores africanos, latidos de corazón,

melodía de pasiones. 


convocan a la Atenea negra,

de piel sentimental.

Piel de Sor Inés de la Cruz

escribiendo poemas encriptados.


Parientes de plantas en abundancia

y animales en proliferación diversa

del planeta azulado por el pincel de luz

en viaje solitario.

En su poblado itinerario iluminado.

 

Ahora desafían al imperio

y a las adherencias parásitas,

pegadas a maquinaria chirriante.

Pequeños Estados paranoicos

que fueron de patriarcas ancestrales,

anteriores a la descomunal globalización,

desbordada en imitante recurrencia

de la conquista interminable.

Aburrida monstruosidad maquinal

de la decadencia mundial.

 

Jóvenes heterodoxos iconoclastas

son portavoces de los bosques

y de las aguas contaminadas.

Defensores de las cuencas

y los nevados olvidados.

Serán los vencedores contra el imperio,

continuadores de la potencia creativa

de la perenne vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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