No podrán contra ti

No podrán contra ti

 

Sebastiano Mónada

 


 

Este poema se publicó el 2016 en Oikologías. Volvemos a publicarlo con el ánimo de la convocatoria a los jóvenes rebeldes heterodoxos iconoclastas, destructores de imperios.  

 

 

Dedicado a los y las jóvenes libertarias, que son ácrata y anarquistas. Libertarios, acrátas, anarquístas, son sinónimos usados para designarlos desde hace dos siglos. Lo libertario nada tiene que ver con la usurpación semántica del neoliberalismo avergonzado, conservadurismo vociferante, que se autonombra como "libertario". Esto es una muestra de la falta de imaginación de la derecha ultraconservadora, que además habla de "anarcocapitalismo", que conceptualmente es imposible, pues el anarquísmo lucha contra el capital, contra el Estado, contra la religión y el patriarcado.

 

 

 

 

 

 

 

No podrán contra ti,

rebelde heterodoxo iconoclasta,

guerrera amazona indomable.

Amenaza digna contras los sátrapas

del geriátrico imperio crepuscular,

entumecidos cipayos celosos

por sus servicios prestados

en novedosas colonias, 

que no son soberanas.


No comprenden tu entrega,

agua depositando su energía

al espesor de la fértil tierra.

No entienden

tu donación heroica,

sin pedir nada.

 

Las máquinas de guerra,

águilas figuradas al acecho de las presas,

o descomunales adefesios estrepitosos,

depredadoras asesinas ungidas

o arlequines indignos del emperador,

bizarro apócrifo.


Antiguas jerarquías de monjes

pálidas y lánguidas figuras,

cultivadas en góticos monasterios

y enmohecidos nobles descendientes

de delirantes conquistadores.

Buscadores de la ciudad dorada,

impuestos a espada y fuego

o emprendedores burgueses aposentados

en flujos de trabajo ajeno.


Poder solidificado de lava,

de sangre derramada

por ancestros armados

con mitos inventados.

Convertidos en dioses

por iglesias tenaces,

por burocracias serviles,

cortes de carnavales.

 

No podrán doblegarte 

con sus cárceles grises,

lóbregos rincones del castigo

y la condena apresurada.


No podrán someterte

con su violencia sistemática,

látigos del cronograma.

Raciones del día y de la noche

y acusaciones desmedidas,

hechas por jueces sombríos.

 

No pueden artefactos obsesivos

dominarte por miedo buscado.

El coraje que tienes,

volcán encendido,

deviene del amor a la vida,

de afectos voladores,

aleteos de aves,

en espesor de miradas viajeras.


No pueden someterte

ni por la violencia repetida,

ni con la ley tramposa.

No pueden, son impotentes

contra digna potencia de tu cuerpo

enamorado de la vida.

Alegre como el amanecer,

copioso nacimiento del resplandecer,

del danzante devenir,

encendiendo nacimiento del día.

Comenzando con luces la sinfonía

de la ciudad despierta

y de comunidades labradoras.

Cultivadoras de sueños.

Seduciendo a bóveda sensible,

extasiada por caricias del sol.

Palabras ardientes de amor,

curvándose ante metáforas de poemas,

entonado por jóvenes apasionados.


Cautivando con arte

a territorios humedecidos

por lluvia copiosa

de pensamientos cristalinos.

Dilución compulsiva,

donadora de arroyos de lágrimas

o de primorosas risas.

 

No podrán vencerte

con su tropa de obedientes

robóticos policías a sueldo.

No podrán contigo,

aunque te encarcelen

en la prisión construida

con piedras de angustias

del déspota patriarcal,

en otoño ritual.


Ceremonia de sacrificios fetiches

convertidos en ladrillos tristes,

cocidos a fuego lento

en hornos de Vulcano.

Ancestralmente envejecido

y mitológicamente enloquecido.

No lograrán subordinarte,

sus rejas no pueden

detener la fulgurante irradiación

de tu entrega heroica.

Prodigiosamente afectiva

e intensamente generosa.


Devoción al combate popular

contra maquinaria chirriante,

artefacto barroco construido

en el elíptico milenio largo

de arcaicas religiones del verbo.

Exhalado en desierto sin sombra,

repitiendo sermón de la montaña

del hijo del hombre,

crucificado en el madero sacrificado.

Madero de los bosques talados.


Estás en batalla permanente

contra dominaciones

enquistadas en la piel.

 

Tú eres el impulso vital,

inherente a los hermenéuticos cuerpos.

Llevando adelante épicas humanas,

recogiendo cosechas de herencias,

dejada por rebeldes predecesores.

Continuando sus pasos al andar

por caminos inventados,

pisadas hendidas en suelo fecundo,

donde se plantan semillas

de alborozada esperanza.

Siguiendo tu propia ruta

abierta por espontánea

algarabía danzante.

Rebosando de alegría

al moverse suavemente

en dulce armonía.

 

No podrán vencerte

porque eres vida

y amas su esplendor refulgente.

Desplegando potencia liberada.

Acompañando a vibrantes seres vitales.

Desprendiendo melódicas alegrías.

 

La máquina oxidada,

investida de chatarra acumulada

en cementerio de locomotoras,

metálica vejez usada todavía,

a pesar del aterido desgaste,

anacrónico aparato reciclado.

Descomunal máquina fabulosa,

construida en órbitas del milenio,

de intermitentes guerras de conquista

y angustiados déspotas paranoicos.

Ataviados magos tuertos o ciegos.

Unos temen a su sombra,

otros adivinan el futuro,

en las entrañas del ave

descuartizada.

 

La máquina barroca

solo puede crujir espantosa,

con toda su metálica canción,

en simultáneos velorios,

de hermosos niños asesinados,

por el crepitar de metralla implacable

y atronadores bombardeos apocalípticos.


Puntillosa tecnología aparatosa

del lóbrego imperio enfermo,

recurriendo al chantaje desesperado.

Amenazando y cibernético con sus mitos,

antaño inventados por oráculos.

Repetidos sin ingenio por ideólogos

en narrativas mediocres.

Disfrazándose de invencible Leviatán.

Despiadado insípido sultán.

Visiblemente temeroso.

Aterrorizando a sus vasallos

en presente dilatado.

 

Cuando los pueblos descubran

la vulnerable condición de la máquina,

su máscara de mármol,

su aparente figura

de incuestionable poder

y continuo desarrollo.

Descubriendo

el vacío profundo

de su leyenda

y apariencia indilgada. 

No les costara dar el soplo,

derrumbando

los castillos de naipes.

 

Te juzgan y te condenan.

Te castigan y te encierran,

durante un siglo contado

con los dedos juntados

de jueces putrefactos del tribunal,

al servicio del capital.


Suman con odio y con miedo.

Operación de aritmética insólita.

insostenible en racionalidad matemática.

Estos jueces temen,

saben que eres una guerrera

sigilosa en la noche

y valiente en el contienda.


Saben que eres un combatiente

certero en el día,

corajudo en el batalla.

Saben que no te rindes.

Continuando incansable la lucha,

convocando a los jóvenes rebeldes

y a los pueblos insomnes,

a levantarse

contra la impostura

y la inscripción aterida en el cuerpo.


Antiguas jerarquías de monjes

pálidas y lánguidas figuras,

cultivadas en góticos monasterios

y enmohecidos nobles descendientes

de delirantes conquistadores.

Buscadores de la ciudad dorada,

impuestos a espada y fuego

o emprendedores burgueses aposentados

en flujos de trabajo ajeno.


Poder solidificado de lava,

de sangre derramada

por ancestros armados

con mitos inventados.

Convertidos en dioses

por iglesias tenaces,

por burocracias serviles,

cortes de carnavales.

 

No podrán doblegarte 

con sus cárceles grises,

lóbregos rincones del castigo

y la condena apresurada.


No podrán someterte

con su violencia sistemática,

látigos del cronograma

Raciones del día y de la noche

y acusaciones desmedidas,

hechas por jueces sombríos.

 

No pueden artefactos obsesivos

dominarte por miedo buscado.

El coraje que tienes,

volcán encendido,

deviene del amor a la vida,

de afectos voladores,

aleteos de aves,

en espesor de miradas viajeras.


No pueden someterte

ni por la violencia repetida,

ni con la ley tramposa.

No pueden, son impotentes

contra digna potencia de tu cuerpo

enamorado de la vida.

Alegre como el amanecer,

copioso nacimiento en resplandor,

del danzante devenir,

encendiendo nacimiento del día.

Comenzando con luces la sinfonía

de la ciudad despierta

y de comunidades labradoras.

Cultivadoras de sueños.

Seduciendo a bóveda sensible,

extasiada por caricias del sol.

Palabras ardientes de amor,

curvándose ante metáforas de poemas,

entonado por jóvenes apasionados.


Cautivando con arte

a territorios humedecidos

por lluvia copiosa

de pensamientos cristalinos.

Dilución compulsiva,

donadora de arroyos de lágrimas

o de primorosas risas.

 

No podrán vencerte

con su tropa de obedientes

robóticos policías a sueldo.

No podrán contigo,

aunque te encarcelen

en la prisión construida

con piedras de angustias

del déspota patriarcal,

en otoño ritual.


Ceremonia de sacrificios fetiches

convertidas en ladrillos tristes,

cocidos a fuego lento

en hornos de Vulcano.

Ancestralmente envejecido

y mitológicamente enloquecido.

No lograrán subordinarte,

sus rejas no pueden

detener la fulgurante irradiación

de tu entrega heroica.

Prodigiosamente afectiva

e intensamente generosa.


Devoción al combate popular

contra maquinaria chirriante,

artefacto barroco construido

en el elíptico milenio largo

de arcaicas religiones del verbo.

Exhalado en desierto sin sombra,

repitiendo sermón de la montaña

del hijo del hombre,

crucificado en el madero sacrificado.

Madero de los bosques talados.


Estás en batalla permanente

contra dominaciones

enquistadas en la piel.

 

Tú eres el impulso vital,

inherente a los hermenéuticos cuerpos.

Llevando adelante épicas humanas,

recogiendo cosechas de herencias,

dejada por rebeldes precedentes.

Continuando sus pasos al andar

por caminos inventados,

pisadas hendidas en suelo fecundo,

donde se plantan semillas

de alborozada esperanza.

Siguiendo tu propia ruta

abierta por espontánea

algarabía danzante.

Rebosando de alegría

al moverse suavemente

en dulce armonía.

 

No podrán vencerte

porque eres vida

y amas su esplendor refulgente.

Desplegando potencia liberada.

Acompañando a vibrantes seres vitales.

Desprendiendo melódicas alegrías.

 

La máquina oxidada,

investida de chatarra acumulada

en cementerio de locomotoras,

metálica vejez usada todavía,

a pesar del aterido desgaste,

anacrónico aparato reciclado.

Descomunal máquina fabulosa,

construida en órbitas del milenio,

de intermitentes guerras de conquista

y angustiados déspotas paranoicos.

Ataviados magos tuertos o ciegos.

Unos temen a su sombra,

otros adivinan el futuro,

en las entrañas del ave

descuartizada.

 

La máquina barroca

solo puede crujir espantosa,

con toda su metálica canción,

en simultáneos velorios,

de hermosos niños asesinados,

por el crepitar de metralla implacable

y atronadores bombardeos apocalípticos.


Puntillosa tecnología aparatosa

del lóbrego imperio enfermo,

recurriendo al chantaje desesperado.

Amenazante y cibernético con sus mitos,

antaño inventados por oráculos.

Repetidos sin ingenio por ideólogos

en narrativas mediocres.

Disfrazándose de invencible Leviatán.

Despiadado insípido sultán.

Visiblemente temeroso.

Aterrorizando a sus vasallos

en presente dilatado.

 

Cuando los pueblos descubran

la vulnerable condición de la máquina,

su máscara de mármol,

su aparente figura

de incuestionable poder

y continuo desarrollo.

Descubriendo

el vacío profundo

de su leyenda

y apariencia indilgada. 

No les costara dar el soplo,

derrumbando

los castillos de naipes.

 

Te juzgan y te condenan.

Te castigan y te encierran,

durante un siglo contado

con los dedos juntados

de jueces putrefactos del tribunal,

al servicio del capital.


Suman con odio y con miedo.

Operación de aritmética insólita.

insostenible en racionalidad matemática.

Estos jueces temen,

saben que eres una guerrera

sigilosa en la noche

y valiente en el contienda.


Saben que eres un combatiente

certero en el día,

corajudo en el batalla.

Saben que no te rindes.

Continuando incansable la lucha,

convocando a los jóvenes rebeldes

y a los pueblos insomnes,

a levantarse

contra la impostura

y la inscripción aterida en el cuerpo

de la deuda infinita. 

 




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