Sencillez creadora

 

Sencillez creadora

 

Sebastiano Mónada

 

Este poema se publicó el 2016 en OIKOLOGÍAS.  




 

 

 

 

Canto a intrépida juventud rebelde de contestatario gesto irreverente.

Juventud transgresora de formalidades almidonadas.

Canto a la vida devenida vida,

en múltiples recorridos inventados. 

Juego aleatorio de dados

de misceláneas caras de cubos esféricos rodantes,

circulares, ondulantes y en fugas imprevistas.

Canto a las alboradas y a los atardeceres equivalentes,

en nacimientos sangrantes y en crepúsculos enrojecidos de agonía.

Canto a la humildad sabia de mujeres y hombres de pueblo,

quienes se alegran de pequeños detalles manifiestos,

en sencillas tramas cotidianas, contadas como anécdotas domésticas.

Canto a los que aman a la mujer y a los hijos,

a las que aman al hombre y a las hijas,

a los padres y los abuelos, sobrinos y tíos.

Canto a los que aman expresando memorias sensibles,

en forma honesta y transparente como voz de agua dulce.

 

Sabiduría labrada en siglos, afinada por pueblos cantores,

danzantes inventores de rondas alrededor de fogatas.

Emulando órbitas de planetas, entornando al sol pletórico,

de palpitaciones ardientes irradiando ondas calurosas.

Sabiduría hallada en sencillas ocasiones ordinarias,

en proliferantes murmullos de familias sin ambiciones

Salvo el deseo de que los hijos se logren

en simbólicas finalidades sociales.

Excepto no falte el pan de cada día.

Ni el trabajo pagado cada mes del año, 

medido en cronograma ambulante.

También el regocijo de los nietos y de los hijos revoloteando

en el patio habitado por plantas engreídas,

en almuerzos y cenas familiares y afables.

Tampoco falten los amigos verdaderos

que acompañan en momentos difíciles.

La felicidad no es tierra prometida,

ni se la alcanza con proyectos ideológicos ni políticas demagogas.


Es el regocijo de compartir un día cualquiera con nuestros amores.

Es el goce de compartir la mesa, ancestral herencia de cocina.

Lo crudo y lo cocido, hermenéutica cultural de tribus culinarias.

Es el disfrute de tomar con los amigos, 

hasta embriagarse de alegría,

tutumas de chicha o vasos de cerveza o copas de vino,

sin faltar destilados ardientes del singani nacional

y el whisky importado en fiestas de insumos globalizados

Rodeados de remolinos locuaces como platicas señoronas.

Es el placer de seguir, con cuerpo elástico,

ritmos de música plasmados en danza seductora.

Es también lograr comprensiones luminosas,

intuiciones subversivas desprendidas,

emergiendo de percepción corporal apasionada,

de mundo en devenir, de cosmos devenido,

y universos abigarrados hasta el escándalo del nudo gordiano,

en desconocidas e inexplicables regularidades topológicas.

 

No está pues en pretensiones ostentosas ni en dominios ateridos,

ni en reconocimientos forzados por afanes chantajistas

y publicidades pagadas de antemano.

No está en etiquetas de ceremonias montadas

por cofradías de roscas elitistas e inescrupulosas

y jerarquías vanidosas al ubicarse en testera disputada.

Signo de poder banal de jerarquías pomposas

No está en salir en páginas de periódicos sensacionalistas.

Estas proliferantes figuras de imposturas perdurables

son máscaras petrificadas en semblantes inmóviles

de momias estáticas ofrendadas a eternidades falsas,

de orgullos exaltados por petulancias exacerbadas.

Escondiendo miserias humanas, egoísmos ateridos.

Oquedad de formas ahuecadas como vacíos desocupados

por violencias absolutas efectuadas,

sin dejar nada en este retirado exilio de vida y existencia tejidas

por cuerdas orquestando sinfonías hacedoras.


Sin contenidos solidos por dentro, ni expresiones seductoras.

Recurren a guiones acostumbrados en congregaciones lóbregas.

Imitando grandezas de héroes enterrados.

 

El mundo de instituciones decadentes

hace gala de plagios grotescos y triviales

de farsas de hombres disfrazados de oropeles

y símbolos encumbrados por la historia oficial promulgada,

Cuando no son sino arlequines tristes en comedias desgastadas,

exigiendo a gritos reconocimiento de público ausente y asombrado,

del patético teatro de crueldad desplegada.

Mientras el pueblo espera cumplimiento de promesas.

Dilatadas en lejanas distancias incomprensibles.

 

Sencillos eventos proliferantes y simples momentos cotidianos

esconden grandezas efectivas y complejidades desconocidas

por imaginarios narcisos y pretensiosas academias vanas,

en esas singularidades plurales regalando flores briosas

y donaciones derrochantes de anti-economías, 

valorando gratuidad de los obsequios regalados.

Únicas en abundancias incontables.


Son puntuales acontecimientos conteniendo a simultánea

integralidad del cosmos despabilado.

Estos hombres y mujeres singulares no han perdido capacidad

colmada del cuerpo sugerido e insinuante.

No han perdido amor y asombro ante evidencia existencial nómada,

de nuestro paso aleatorio por constelaciones fugitivas.

No han perdido goce de momento fugaz inapreciable

y el aprecio embriagado del instante inconfundible.

Intuyen de antemano banalidad del teatro político,

de acumulación aritmética de signos metálicos,

que valen por el sello impuesto del Estado.

De especulación compulsiva de pompas solitarias.

Soplo provisionalmente contenido en burbujas vulnerables

de malabaristas audaces y habilidosos en trucos inalterables,

que estallan por excesiva inflación de valores insostenibles.

 

Canto a esta espontaneidad vital de ciclos acompasados,

de cada quien y de todos mancomunados asociados por encanto,

hasta el espasmo del afecto colectivo y fascinado

en complementarios Oikos barrocos, bricolajes sobresaltados.

Entrelazando diversos espesores ecológicos voluptuosos.

Canto al juego lúdico de la vida, artista de audaces combinaciones.

Creadoras de seres en todas las versiones inimaginables.

 

Canto a la sencillez creadora,

a la simpleza compleja de humildad popular,

a la sabiduría concreta de hombres y mujeres,

que aman descubriendo iluminación orientadora.

Inocencia asombrada ante acontecimiento explosivo de la vida.

Pronunciando en expansión o contracción largo poema.

Inacabado juego recurrente de palabras cabalísticas.

Sueño de partículas ensimismadas en meditación profunda,

burladas por partículas alborotadas

y traviesas luciérnagas juguetonas.

Dibujando ambas oscuridad insondable de recogimiento,

mudo y silencioso como Buda quieto en espiritual mutismo.

Luminosidad festiva desplegada en colores danzantes.


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