La condición vulnerable

 La condición vulnerable 


Sebastiano Mónada 


Dedicado a Matilde Amazonia por su Ángel negro.






La condición vulnerable de la existencia humana.

La levedad corporal expuesta a las contingencias del tiempo.

La finitud manifiesta expresa la configuración de los límites.

El humano demasiado humano reflexiona sobre la muerte.

La vida es la asombrosa pregunta sin respuestas.


¿Será mejor contemplar el devenir mismo de la existencia?

Incierta.

Cabalgata de luces viajeras

de galaxias desaparecidas.


Dejar que la mirada viaje como mariposas, 

apostándose en la composición colorida de las flores.

Imaginación pictórica de pintor incomprendido.


Intuir la gramática del cuadro pintado por artistas desaparecidos.

Quedar satisfechos por la revelación del acontecimiento.

Poema escrito en jeroglíficos ancestrales.


La inscripción de la historia política en el papiro de la piel,

la gramática de hendiduras en el espesor del cuerpo, 

donde el lenguaje se hunde hasta ahogarse en el fondo

del lago misterioso, intocable, donde se bañan los ángeles,

desnudos del paraíso perdido debido al pecado

del desafío, primer deicidio humano.


Textura de dolores, sonidos dibujados en el pentagrama,

inventado por genios atormentados por la pasión

del hijo de la mujer y del hombre.


Volumen del tiempo, plegado como caracol insondable.

Substratos de recuerdos, sedimentados por capas geológicas,

estratificando el olvido en las profundidades de las cavernas del alma.


Los ojos desorbitados navegan ondulantes,

peces en las profundidades del océano inescrutable.


La luz no penetra por miedo al abismo;

sólo la intrepidez se arriesga a sumergirse al fondo, 

donde la nada se ahoga para morir sin epitafio,

sin registro, sin huella, que deje la estela de recuerdos.


Acotado por la vulnerabilidad incierta

de la fugaz memoria sensible de lo viviente.

Dilemas concurrentes en la incertidumbre acongojada, 

de frágiles pensamientos abrumadores,

que naufragan en la tormenta apocalíptica.


Te disuelves en la penuria de la vida cotidiana,

que pasa por las veredas inhóspitas, 

recorridos por sombras olvidadas.


Sólo quedan las palabras para contar la historia,

que nadie cree y a nadie le importa,

salvo a los muertos que tienen oídos

para escuchar la pronunciación del sin sentido.


Recorres con tus dedos tu cuerpo torturado,

recorres con tus yemas las rutas del desierto,

borradas por la brisa silenciosa,

que empuja despacio las dunas mutantes.

Imperceptible movimiento de montañas fantasmas.


Nadie se preocupa por ti, ni te recuerda.

Estás solo en el laberinto de ausencias,

en el vacío habitado por silencios,

en la quietud absoluta donde abunda la nada.


Nadie preguntara por ti, cuando te hayas ido.

Sólo el ramaje de los árboles que te vieron pasar

por las calles trajinadas por poblaciones furtivas.

Sólo la huella indeleble de tu presencia fugitiva.


Eso es inscribir en el aire la narrativa imposible

de tus sueños perdidos en los atardeceres anaranjados.

En las despedidas crepusculares de los días repetidos,

para dar paso a las incógnitas de la noche,

alumbrada por la luz selenita del satélite visitante.






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