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Mostrando entradas de enero, 2023
El trauma político y social
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Los caídos
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Los caídos Sebastiano Mónada Toca y quiebra el cuerpo, repentino relámpago fugaz. Extraño evento de fuego que hace desaparecer la luz. Solo la oscuridad y el silencio sustituye a la consciencia. Solo la nada, la absoluta nada, el olvido total. Fueron acribillados al momento de la voz alzando vuelo, al momento de la premura por encontrar la ruta al paraíso perdido hace milenios de laberintos. Ahora no se encuentran en ninguna parte. Vinieron a detener el flujo de energía desatada, a detener la composición de cuerpos musicales. No quieren la sinfonía conmoviendo la atmósfera. Convocan a la muerte, edificando con mármol los cementerios poblados de pronunciados olvidos. Un remolino de ausencias ha tragado los cuerpos, llevándoselos estrepitosamente al abismo de la nada. No volveremos a verlos presentes nunca jamás, salvo en los recovecos perdidos de la memoria y en la dimensión replegada de la...
La condición larvaria de la política
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Se cortaron las alas
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Se cortaron las alas Sebastiano Mónada Se cortan las alas temprano, agazapandose en el suelo. Prefieren repetir lo mismo. Vicio estéril del círculo. Condescendientes con los gobernantes, hablan de lo que ya se sabe escolarmente, sin anímarse a develar lo que se oculta para no molestar la furia del déspota. Nacen viejos. El peso del estupor de los siglos los agobia tanto que prefieren repetir esquemas consabidos de la inercia. Muestran lo aprendido con esmero, sus destrezas retóricas, sus habilidades gramáticas, no quieren meterse en problemas, ni aventurarse en el iluminismo de la fogosa crítica liberadora. Han apagado sus ímpetus vitales, Inhibiendo su potencia creadora, ofuscado su lucidez inaugural, renunciando a la alteridad, sin perturbar el orden heredado. Han matado la rebelión, prefieren ser profesores. Cumplir con los roles de la educada academia haciendo triste ...
La condena del Leviatán
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La condena del Leviatán Sebastiano Mónada El monstruo vocifera atrozmente, abriendo boquetes en la atmósfera saturada, Una niebla gris oscurece el paisaje de ruinas y escombros, tenebrosas figuras del crepúsculo. El fuego consume las entrañas convulsas de la urbe. Herida se bambolea en las calles destrozadas, agitando multitudes enardecidas que se rebelan contra el oprobio del despotismo anacrónico. Huestes de verdugos persiguen a sus víctimas, disparan su veneno asfixiante a quema ropa. Iracundos golpean las puertas del infierno; se abren destrozadas por la furia desbocada. El castigo se desparrama en la ciudad invadida. Se defiende con todas las fuerzas convocadas en la emergencia del ataque sanguinario de los retornados jinetes del Apocalipsis. Arden los edificios como antorchas del Averno, iluminando en la oscuridad ciega, amenazante de muerte incubada en las heridas del...