Mi padre
Mi padre Sebastiano Mónada Solía mirar con sus ojos de valle en primavera, sonreír como brisa de alborada con el rostro placentero donde se dibujan huellas sabias de antiguos tiempos inscritos en rocas pulidas por vientos, barcos viajeros en océanos impetuosos. Solía hablar pausadamente domesticando al aire divagante, pronunciar la palabras como olas constantes, decir frases claras como manantiales brotados en las cumbres de la cordillera ondulante al caer la tarde. Despedida de pétalos de rosas desprendidas como mariposas meditando sus vuelos liberados. Solía recordar a sus padres con afecto entrañable recordando en su ausencia la fragancia del paraíso perdido. Volvía a la niñez, a la inocencia de los comienzos cuando se cuida a la madre y al ausente padre. Solía compartir con los amigos, afable pues importaba el momento del encuentro amistoso y entrañable. Solía decir sentencioso nadie muere en la vísp...